El espacio, la visión de los grandes maestros

El capítulo 3, Space Advantage, del excelente y muy recomendable libro de Boris Gelfand, Positional Decision Making in Chess (Quality Chess, 2015)[1] discute el elemento espacio y la ventaja espacial. Desde el punto de vista teórico, toda opinión, visión, o comentario de un jugador de élite tiene la mayor relevancia, pues son ellos precisamente los que utilizan esas nociones teóricas en sus partidas para confirmar un axioma o derrotarlo. En estas líneas discutiré brevemente la noción de Gelfand sobre el espacio y la ventaja espacial sobre una partida de Akiba Rubinstein (principal inspiración ajedrecística de su visión de juego) contra Duras, jugada en Karlsbad, 1911, y disponible en Chessgame.com. Mi interés en el tema no sólo es analizar las consideraciones de Gelfand, sino la de la doctrina actual sobre el espacio, en voz de uno de sus máximos exponentes, un súper gran maestro.[2] Esta visión la contrastaré con las doctrinas planteadas en mi libro La invasión posicional en ajedrez [LIPA], sobre la invasión territorial y las posiciones críticas.

Primero, creo pertinente repasar la doctrina de la invasión posicional. En LIPA, planteé la doctrina de que la lucha ajedrecística es una lucha territorial. El objetivo principal de la lucha ajedrecística se puede enunciar como sigue: dominar e invadir las posiciones enemigas protegiendo las propias. La definición de qué son las posiciones enemigas y propias se basa en la noción del terreno propio y del enemigo. Las posiciones de un bando son aquellas de su propio terreno —las primeras cuatro filas que ocupan sus piezas y donde ejercen influencia a partir de la posición inicial— y las que va ocupándole al enemigo. El bando que en mayor grado logra ese objetivo podrá dominar a su oponente, restringirle o incluso ganarle material.

Estas nociones —la invasión posicional, los factores dominantes, restrictivos y de material— están presentes en algún grado en la teoría posicional clásica. Los factores ventajosos (piezas dominantes, piezas restrictivas, ganancia material) se encuentran más o menos dispersos y desasociados de los elementos a los que les pertenecen —como veremos en la confusión del espacio y el tiempo— pero se tratan en abundancia en la literatura. La noción del terreno de cada bando apenas se menciona vagamente en algún tratado y nunca como una cualidad imprescindible en la lucha hacia la victoria. En general, se trata el tablero como un todo, sin distinciones más allá del concepto del centro.

Al inicio del capítulo, Gelfand expone su visión general respecto al espacio como una herramienta («one of my favorite wapons»,[3] p. 96), marcando la diferencia entre la visión proyectada por la teoría de las posiciones críticas y la invasión posicional. Desde esta teoría, la ventaja espacial y los factores dominantes que la denotan no son herramientas, sino fundamentos, propiedades esenciales de la posición ajedrecística. Con los factores dominantes constituimos las diferencias frente al enemigo que otorgan superioridad y ventaja. Recordemos estos elementos: puestos avanzados, piezas en líneas abiertas, e infiltración de piezas. El espacio también toma en consideración las debilidades, no como factores posicionales ventajoso en sí, sino como presupuesto o prerrequisito al factor dominante, restrictivo o material.

Más adelante, Gelfand distinguirá entre tener más espacio y tener ventaja espacial. Su distinción se basa en la estructura de peones:

“…a space advantage occurs when pawns are taking important squares from the opponent’s pieces.” (p. 96)

[…la ventaja espacial sucede cuando los peones toman casillas importantes de las piezas enemigas.][4]

Con esta descripción, se hace notable la confusión o tratamiento uniforme entre el espacio —la colocación de las piezas en el tablero— y la movilidad de las piezas —las capacidades de movimiento cuando se posee el turno— típico de la teoría posicional clásica. En lo expuesto por Gelfand, y en contraste con la teoría de la invasión posicional, se considera a las piezas encerradas y dominadas como una ventaja espacial. La confusión es comprensible, pues la falta de movilidad indica ciertamente una falta de escaques para colocar saludablemente las piezas. Pero esto no es otra cosa que una forma de expresión, que no refiere a la realidad posicional, ni expresa con claridad las diferencias entre ambos elementos. El elemento espacial define factores positivos para un bando, mientras el elemento tiempo —la movilidad— define factores negativos del enemigo. Al dominar el tablero en mayor grado —con piezas dominantes— restringimos las capacidades de movimiento del enemigo, como resultado natural, construyéndose con ello los factores restrictivos (piezas encerradas y atadas a la defensa). El hecho de ser ambos factores posicionales muy relacionados (la ubicación de las piezas afecta a la movilidad y la movilidad afectará la futura ubicación de las piezas) induce a esta confusión generalizada, que el dato empírico —como un análisis concreto de los factores— claramente distingue.

En un aparte, Gelfand expone, muy honestamente a mi juicio, que su visión sobre la ventaja espacial es intuitiva, la reconoce cuando la ve en el tablero, pero no necesariamente puede verbalizarla:

“My own understanding of space advantage is to a great extent intuitive. I can recognize it when it is there and I know from the example of Rubinstein and others how to handle it.” (p. 97)

[Mi propio entendimiento de la ventaja espacial es en gran medida intuitivo. La puedo reconocer cuando la veo y sé cómo manejarla, por el ejemplo de Rubinstein y de otros maestros.]

Esto no tiene nada de sorprendente. La mayor parte de los jugadores modernos que han acariciado los más altos honores deportivos expresan sus creencias en las partidas y no en textos de varios miles de palabras. El mismo Garry Kaspárov ha expresado alguna de sus ideas teóricas entre los comentarios de sus partidas y en la excelente serie de Mis grandes predecesores. Pero estos comentarios no dejan de ser unas pequeñas notas sin ir más lejos, y en gran parte apoyadas de la teoría posicional clásica.

En esas mismas líneas Gelfand menciona otro interesante libro, Simple Chess (Dover, 2002) de Michael Stean, cuyo total contenido, exceptuando la introducción, trata únicamente de los factores espaciales (puestos avanzados, peones débiles, líneas abiertas). Pero, desde el punto de vista clásico, sólo el último capítulo, Space, trata del espacio en los términos de movilidad: «The essence of simple chess is mobility»[5] (Simple Chess, p. 132).

En el capítulo Gelfand también incluye un apartado sobre la movilidad y discute la opinión de Arthur Yussupov en Chess Evlotion 2, que añade guías para manejar la ventaja «espacial», según su definición (p. 99). Estas guías son un acopio de lo que se propaga comúnmente:

  1. Evitar cambios de piezas.
  2. Preparar la apertura de líneas.
  3. Preparar avances de peones.
  4. Maniobrar contra dos debilidades.
  5. Evitar cualquier intento del oponente de liberación.
  6. Pasar al final de juego en el momento oportuno (añadido por Gelfand).

Paradójicamente, algunas de estas recomendaciones son parte de los factores dominantes (apertura de líneas, avances de peones), y forman parte del mismo fenómeno de la superioridad espacial. Respecto a las consecuencias de ella —la restricción— se considera obvio que el bando superior debe evitar el intercambio de piezas. Tal argumento general, falla, pues de lo que se trata es de evitar los intercambios que eliminan factores favorables: cambiar piezas dominantes a favor, o permitir el cambio de piezas restringidas del oponente.

En mis comentarios sólo señalaré los aspectos conflictivos entre la visión de Rubinstein (manifiesta en la partida), la visión de Gelfand (expresada en sus comentarios) y nuestra visión basada en la teoría de la invasión posicional.[6]

1.c4 e5 2.Cc3 Cf6 3.g3 Ab4 4.Ag2 0-0 5.Cf3 Te8 6.0-0 Cc6. La primera posición interesante surge de la apertura tras 7.Cd5:

Rubinstein-Duras (Karlsbad, 1911)

En esta posición, las blancas van por todas y penetran en el terreno enemigo. Esta invasión es sostenible aunque se intercambien los caballos como puede verse a simple vista, pues el peón blanco resultante puede defenderse con e5. Además, con el salto se intenta sacar al alfil negro del terreno propio, por lo que cualquier decisión negra parece favorable al blanco (retirada del alfil, cambio del alfil por caballo, o intercambio de caballos en d5). Gelfand explica que el salto se hace para evitar un cambio desfavorable en c3.

Para nuestra teoría este salto tiene valor crítico que tiene que responderse con acciones similares o compensatorias para mantener el equilibrio. El negro también tiene opciones para penetrar el terreno blanco, pues tanto d4 (tras el cambio de caballos), como e4 son susceptibles de ocupación. Por ejemplo, 7…Cxd5 8.cxd5 Cd4 9.Cxd4 (o 9.e3 Cxf3+ seguido de e4) exd4 10.a3 Ae7 y la posición está igualada. En las posiciones resultantes ambos bandos aprovechan las vulnerabilidades en el centro del otro para asentar un peón en el terreno enemigo. La teoría de las aperturas actual favorece aquí 7…Ac5.

En esta ocasión Duras decide retirarse: 7…Af8 8.d3. El planteamiento de apertura de Rubinstein había dejado las casillas de su centro vulnerables y ahora prefiere ir controlando esas casillas. Nuestra pregunta clave es, ¿podía el negro ocuparlas con provecho? ¿Podía expulsar el negro al caballo de d5 o al peón resultante si hay intercambio? Veamos. Al avance 8…e4, seguiría 9.Cg5 exd3 10.Dxd3, y es el blanco quien adelanta su causa. Con 8…Cd4 9.Ag5 Cxf3+ (hay que evitar el desastre de los peones, que ocurriría con el cambio en f6) 10.Axf3 Ae7 11.Cxe7 (ante Cxd5) Dxe7 y el blanco puede con 12.b4 expandirse en el flanco de dama, aunque esto no es suficiente para hablar de ventaja ni mucho menos.

8…h6 9.b3(!?). Gelfand elogia este movimiento. Ciertamente, combina el desarrollo con el control de d4, en vista de que ya no se posee g5.Ahora, Cd4 es menos atractivo, y 9…e4 no puede sostenerse por 10.dxe4 Cxe4 11.Cd2 obligando a devolver la casilla, pues sería fatal 11…f4 12.Cxe4 fxe4 13.Ab2 por el débil peón y los agujeros de casilla blancas en el ala del rey. 9…d6 10.Ab2. Con esto el blanco asegura las casillas centrales de su terreno y el negro queda sin compensación inmediata a la irrupción del caballo en d5. El mal menor es ahora cambiar el caballo dominante por un peón. 10…Cxd5 11.cxd5 Ce7. Más directa es 11…Cb4. Por ejemplo, 11…Cb4 12.e4 c3 13.a3 Ca6 14.b4 cxd5 15.exd5 Cc7 16.Cd2. 12.e4.

12…c5? Aquí, como señala Gelfand, parece obvio 12…c6 para luchar por la casilla d5. Esta rendición del centro tendría sentido si el negro pudiera moverse hacia d4, por Cf5-Cd5, pero f5 no está disponible. 13.dxc6?! Rubinstein perdona la imprecisión y entrega su primer logro (la casilla d5), cuando 13.Cd2 salta a la vista para ir a c4 en algún momento y preparar a su vez f4 con miras a f5 o f7 (si se abriera la columna). 13…Cxc6 14.d4. Esta es la única oportunidad de amenaza para despegarse mediante d5. 14…Ag4? Cede nuevamente d5. Era necesario el cambio de todo lo posible en d4, pues la debilidad de d5 y d6 no es aprovechable por el blanco. Por ejemplo: 14…Cxd4 15.Cxd4 exd4 16.Axd4 Ad7 y se está mejor que en la partida. 15.d5 Ce7? Este es otro error. El caballo no tiene ninguna perspectiva en e7, ni en su traslado al flanco de rey. Las únicas alternativas iban en torno a ocupar c5, por vía Cb4-Ca6, o por Cb8-Ca6. Gelfand va más allá y propone el sacrificio de peón 15…Cd4 16.Axd4 exd4 17.Dxd4 g6. En la posición resultante, las negras logran un alfil dominante en g7 y podrían cambiar el otro por el caballo, logrando una posición con alfiles de distinto color. Pero, la apuesta es arriesgada e innecesaria cuando existen caminos menos peligrosos para las negras.

16.Dd3 Dd7 (?!). A Gelfand no le agrada este movimiento, aunque parece correcto al impedir h3 y Db5, evitando la inmediata expulsión de su alfil y la invasión por b5. Entonces ¿por qué este movimiento falla? Gelfand rechaza el movimiento por lo que el negro hace en el movimiento siguiente, más que por la naturaleza de esta decisión. Lo cierto es que el alfil en g4 es insostenible por Cd2 y f3. Y en vista de que cambiarlo por el caballo representa perder una pieza dominante y la pequeña calidad, parece más seguro ir por 16…Ad7 de inmediato. 17.Cd2! Ah3. El mal menor —y consecuencia de lo anterior— pues el alfil en h5 y g6 (luego de f3 y g4 del blanco) quedaría emparedado. 18.a4(!). Por supuesto que no Axh3, pues se atrae a la dama negra gratuitamente. Con la del texto las blancas insisten nuevamente en el dominio de b5. También era posible de inmediato 18.Cc4, toda vez que ha 18…b5, sigue 19.Axh3. 18…Axg2 19.Rxg2. La posición resultante es crucial:

En esta posición las negras debían decidirse por el plan que afectará el resto de la partida. Las blancas tienen tres caminos invasivos: en el flanco de dama, las casillas a5 y b5 (Db5), en el centro atacando los peones d6 (Aa3-Cc4) y e5 (f4), y finalmente en el ala del rey vía f4-f5. ¿Será necesario que el negro prevenga todas estas amenazas? ¿Cuál de ellas es realmente invasiva y cuál podrá ser respondida con medidas compensatorias? Si pasamos ahora el turno al blanco el movimiento 20.f4 puede responderse mediante 20…exf4 21.Txf4 Cg6 22.Tf5 Ce7! 23.Tf2 Cg6! 24.Cc4 Dg4 y el negro ha expulsado al blanco del ala de rey y se aventura a ocuparlo. Por otro lado, responder con 21.gxf4, tropieza con 21…Dg4+ y el blanco tiene que decidirse entre intercambiar damas o 22.Rh1 Cg6 23.f5 Ce5 y dejar a la dama negra deambular un rato en el flanco de rey.

¿Qué tal le iría al negro contra 20.a5. El intento de cambiar el peón mediante 20…b6 falla con 21.axb6 axb6 22.Cc4 Txa1 23.Txa1 y el blanco invadirá el ala de dama. La otra reacción sería ir en pos de 20…f4 que puede ser respondida con 21.f4 y el negro no tiene compensación alguna. Lo mismo sucede con 20.Db5 que puede seguir con 20…Ted8 (con intención de jugar a6 y expulsar la dama luego) 21.Aa3 a6? 22.Dxd7 Txd7 23.Cc4 Cc8 24.a5 y el blanco debe ganar.

Es por esto por lo que las negras consideraron que las debilidades en a5-b5 y d6 debían atenderse primero, aunque las prevenciones para evitar los avances a a5 y Db5, mediante 19…a5 o 19…a6, debilitan sensiblemente el flanco de dama aún más, dejando agujeros por todos lados. Es en este sentido en el que la posición de arriba es crítica y el negro no tiene posibilidades de evitar que el blanco le supere. Finalmente jugaron: 19…Teb8(?!) Este es el plan más aceptable, pero parecía más preciso usar la otra torre y reservar esta para la lucha por la columna-c. 20.Cc4. Coherentes con su plan, las blancas obvian 20…f4, con la amenaza del avance f5. En sus comentarios, Gelfand obvió también ese movimiento. Muy fuertes son también 20.Db5 y 20.f4, en vista de que la torre negra ya no controla e5. 20…b4.

Esta era la intención de las negras. Tanto para Stockfish como Lc0 es la más viable.  Ahora se amenaza doblemente con capturar el caballo o cerrar el ala de dama con b4. Esto último, no será aceptable para las negras, pues se dejará nuevamente libre la casilla c4 para el caballo blanco. Al blanco le favorece abrir la columna, pues el cierre del flanco de dama sólo deja a la columna-c como opción para invadir esa zona. Además es evidente que el movimiento del peón negro debilita toda la columna-a, de modo que el blanco podrá ocupar a5-a6 y hasta ganar eventualmente el peón en a7. La otra posibilidad agresiva era 20…f5. El movimiento propuesto por Gelfand, 20…Cg6, sólo tiene sentido si el negro ejecuta eventualmente f4 o h5 con miras a irrumpir en el flanco de rey. 21.axb5. El negarse a tomar el peón también es bueno blanco, pues con 21.Ca5 f5 22.f3 a6 (o 22…f4 23.axb5 Txb5 24.Ac1 g5 25.Ad2 y el blanco gana también la columna-c) 23.Tfc1 fxe4 24.fxe4 Tc8 25.Ac3 y el blanco podrá doblar sus torres dominando la columna y la importante casilla-c6. 21…Dxb5 22.Ta3.

En la posición resultante, pareciera que Duras ha contenido cualquier avance de Rubinstein en el ala de dama. Por ahora, son intocables las casillas a5 y a6, y el ataque a a7 se detiene por el temporalmente débil peón blanco de b3. La realidad es que las blancas podrán con Ac3 y b4 reforzar su territorio y tras Tfa1 toda la columna-a estará accesible a sus piezas. Por tanto, el negro no podrá progresar más allí, y debe orientarse al otro lado. En parte por esto juega: 22…Cg6? Adelantarse en el flanco de rey con 22…f5 era la opción más presentable, al vulnerar el peón en d5 al tiempo en que también se amenaza con f4. Si ambos bandos siguieran su planes invasivos ciegamente podría darse lo siguiente: 22…f5 23.f3 f4 24.Ac3 h5 25.b4 b5 26.Ta5 Dd7 27.Tfa1 Cg6 28.Ta6 g4 29.Ad2 h4, con una posición agudísima. La variante anterior no es forzada para ninguno de los dos bandos y puede mejorarse para cada uno en diferentes puntos. Se ofrece para ilustrar cómo compara el plan negro de disponer en avalancha sus peones en el ala de rey contra el plan blanco de apoderarse de la columna-a y el ala de dama totalmente. Aunque parece que el blanco sigue estando superior, no podría decirse que el negro debe perder forzosamente. Nótese aquí, que el contrajuego negro era una opción real que obligaba al bando superior a actuar con cautela, pues un desliz bastaría para perder todo lo que tiene de ventaja. Ahora todo es fácil para el blanco: 23.Tfa1 a6 24.Ac1 Tb7 25.Ae3. Las blancas dilatan la invasión mejorando antes la posición de su torre y su alfil. Con esto también optan por dejar a su peón en b3 y posponer la invasión de a5. 25…f6 26.f3 Ce7 27.Df1. Por fin la dama queda protegida y el caballo puede ir a a5.

27…Cc8? Gelfand no señala este error. Ahora se podrá ocupar a5 y c6 con ventaja. Ante la inevitabilidad de perder a5, lo mejor parecía seguir protegiendo c6. 28.Cd2. Las blancas podían ocupar ahora a5 con ganancia: 28.Ca5 Dxf1+ 29.Rxf1 Tb5 30.Cc4 h5 31.Txa6 Txa6 32.Txa6 Txb3 33.Ta8 y el peón en d6 cae. Pero la del texto gana igualmente el peón en a6. Esta decisión del retroceso es importante, pues ilustra de algún modo las preferencias de Rubinstein durante la partida. Antes que invadir al enemigo sin un dominio fuerte del terreno, prefiere ablandar al enemigo primero. 28…Db4 29.Dc4. Rubinstein se va a la segura mediante el intercambio de damas para evitar la ocupación de c3. 29…Dxc4 30.Cxc4. Temiendo la invasión por b2, y en vista de que el peón en a6 es indefendible, el blanco se decide por esto que le dejará un peón libre. 30…Tab8 31.Cd2 Tc7 32.Txa6 Tc2.

La posición resultante compensaría a las negras si el peón blanco no fuese uno pasado. Al serlo, cada avance aumentará enormemente la ventaja blanca. Ya no existe más contrajuego para el negro, pues todas las piezas blancas pueden participar en la defensa del peón en b3. Rubinstein decide eliminar la torre negra de inmediato. 33.T6a2 Txa2 34.Txa2. El juego está decidido. 34.Ae7 35.Rf2 Rf7 36.Re2 Re8 37.Rd3 Rd7 38.Rc3 Ad8 39.Cc4 Ac7 40.g4 Ad8 41.Ta6 Ac7 42.h4 Ad8 43.h5 Ac7 44.b4 Tb7 45.Ta8 Rd8 46.Rb3. El rey apoyará b5 para rematar.

46…Tb8 47.Txb8 Axb8 48.b5 Ce7 49.b6 f5 50.gxf5 Cg8 51.Af2 Rc8 52. Ah4 1-0.

Esta partida muestra el tratamiento de una ventaja espacial por parte de dos grandes maestros clásicos como Rubinstein y Duras, y la visión moderna de un gran maestro experimentado como Gelfand. En distintos momentos, ninguna de las partes consideró el plan negro basado en el adelanto de los peones del ala de rey con f5-f4 y h5-h4, y si hay oportunidad g5-g4, apoyados por su caballo en g6. Tampoco Rubinstein, una vez obtenido el terreno en el ala de dama, se precipita a invadir las zonas desocupadas, sino hasta ganar el peón en a6, con ganando material y logrando un peón pasado. Al fin y al cabo, la invasión posicional debe redundar en eso: una ganancia material bien sea de pieza o de peón (para hacer valer una mayoría de peones o irrumpir con un peón pasado). En vista de que su ataque se limitó al ala opuesta a la del rey negro, un ataque directo al rey opuesto nunca estuvo en los planes.

Creo que estas diferencias de entendimiento del elemento espacial pueden ser determinantes en posiciones donde las opciones pueden derivar a dominar e invadir, o retirarse. No faltan ocasiones en que un bando opta por lo último en vez de ir hacia adelante con la confianza de que su invasión es correcta y decisiva. Otro aspecto que merece señalarse es el ritmo pausado del bando superior, cuando sabe que la invasión es inevitable, incrementando el dominio antes de penetrar decididamente sus filas. En esto Rubinstein demuestra mucha cautela y consistencia. Esta cualidad también ha sido destacada por Capablanca en el tratamiento de los finales, cuando la ventaja es decisiva: do not hurry!


[1] Aún sin traducción al español.

[2] Gelfand fue subcampeón de ajedrez en 2012 al enfrentarse con V. Anand.

[3] Una de mis armas favoritas.

[4] Mis traducciones del texto de Gelfand es bastante liberal y trata de acomodarla al espíritu de la intención del maestro.

[5] La esencia del ajedrez simple es la movilidad.

[6] Para el análisis utilicé las últimas versiones disponibles de Stockfish y Leela Chess Zero. He analizado la partida con ambos sistemas tratando de retar las opciones de uno con las del otro.

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