Los elementos del ajedrez 1

Con este artículo comienzo una serie para hablar de los elementos ajedrecísticos. Usualmente al mencionar el tema se piensa en los sabidos elementos material, espacio y tiempo, todos asociados a un aspecto concreto del juego: las piezas, el tablero y los movimientos o el turno. Aquí, incluiré partes de mi libro La invasión posicional en ajedrez. En él trato de cuatro elementos ajedrecísticos. Tres de ellos corresponden la la posición ajedrecística y, el último, corresponde a la secuencia de posiciones, o sea, los movimientos.

En esta primera entrada comenzaremos como en el libro mencionado a hablar del material, pero antes haremos una breve introducción de los elementos de la posición.

Los elementos de la posición ajedrecística

En la posición ajedrecística actuarán las piezas —ubicadas en casillas específicas del tablero— de quien posee el turno para hacer el siguiente movimiento. Es la relación de todos estos elementos la que define la posición y su futuro. No basta simplemente reconocer que debemos ganar material, dominar el terreno enemigo y restringirle. Es necesario saber los factores específicos con los que se conforma la superioridad en cada elemento posicional.

La descripción más detallada de los elementos posicionales que sigue debe acoger sólo aquellas propiedades que pueden alterarse persistentemente entre uno y otro bando, y le faciliten al bando favorecido el mate sobre su oponente. O sea, sólo nos interesan aquellas propiedades de la posición cuyas diferencias mutuas pueden afectar permanentemente la capacidad defensiva de un bando y otorgar la superioridad al otro. Cualquier propiedad que no cumpla con estas cualidades caracterizará la posición de cierto modo, pero será intrascendente para el resultado de la partida.

Para esta investigación debemos preguntarnos continuamente: ¿qué diferencias elementales pueden ocurrir entre ambos bandos? ¿Son sostenibles esas diferencias a través de la partida, si no ocurre un error?

Podemos enumerar los elementos de la posición ajedrecística como sigue:

Elementos de la posición ajedrecística

  • El Material: las piezas en el tablero
  • El Espacio: la ubicación de las piezas
  • El Tiempo: la movilidad de las piezas

Las unidades básicas de los elementos giran en torno a la pieza o el peón y su circunstancia. Esto significa que la medición de las diferencias se realiza a base de la pieza en sí, de la ubicación de la pieza o de su movilidad.[1]

El material: las piezas en el tablero

Cada bando recibe al comienzo de la partida 16 piezas que se distribuyen en: 8 peones, 2 caballos, 2 alfiles, 2 torres, 1 dama y 1 rey. Las piezas participantes en la partida corresponden a lo que se denomina «material» en la teoría clásica. Las piezas representan el poder activo con el que cuentan ambos bandos en lucha. La unidad de este elemento es definitivamente la pieza. Cada pieza tiene cualidades distintas que manifiestan principalmente sus capacidades de desplazamiento, incluido su potencial de captura y promoción. Podemos enumerar estas propiedades como sigue:

Propiedades de la pieza

  • El poder activo[2]
  • El bando al que pertenece
  • Algunas cualidades especiales: importancia del rey, promoción de los peones

Las propiedades enumeradas arriba se materializan en la forma física de la pieza, su nombre, sus capacidades en el tablero y su papel en la partida. Así distinguimos el rey de la dama, la torre del alfil, o el caballo del peón. Dentro del conjunto de poderes activos consideramos en primer lugar la manera de desplazarse en el tablero y la forma de capturar otro material (distinta en el caso de los reyes y peones). Nótese que estas cualidades, o poderes de desplazamiento de la pieza, están definidas a base del terreno por el que las piezas obrarán. Bastaría pensar en un tablero con forma distinta, para que ese potencial fuese otro. Pero, además de estas cualidades activas, hay otras cualidades especiales que caracterizan a algunas piezas, como lo es la capacidad de promoción de los peones y la importancia particular del rey respecto a toda la partida.

El valor del material. Para medir y comparar esa potencia de las piezas se les ha asignado por convención un valor numérico a cada una. Estos valores se han derivado por dos vías: la comparación de las capacidades activas de las piezas en el tablero, y las manifestaciones concretas de las piezas en innumerables partidas a través de la historia. Tomando como base al peón, consideraremos los siguientes valores: peón, 1; caballo, 3; alfil, aproximadamente 3.5;[3] torre, 5; dama, 9.[4] El rey debería considerarse, desde la perspectiva de su importancia en la partida, con valor superior a la suma de todas sus piezas, pero desde el punto de vista de sus capacidades de movimiento podríamos fijarlo cerca de 4, pues supera algo al alfil, aunque es inferior a la torre.[5] Al sugerir el «valor» del material en el tablero, estos números se toman como guías para evaluar los cambios de piezas.

Un tema común en la literatura ajedrecística moderna es el de la relatividad del valor de las piezas. Se argumenta que el valor de las piezas es totalmente relativo a la ubicación de ellas. Admitir esto equivale erróneamente a afirmar que las piezas cambian de cualidades o de potencia en el curso de la partida. Es necesario separar el concepto de poder, o de la capacidad intrínseca de la pieza, de su ubicación. Lo relativo para las piezas nace de su ubicación y su relación con las demás piezas y no de sus capacidades inherentes. Por lo tanto, el sistema de valoración material no debe confundirse con las evaluaciones que debemos hacer respecto a la ubicación de las piezas en el tablero, en una posición determinada.

Los bandos. Las piezas se distinguen, además, por el bando al que pertenecen. Esta cualidad se manifiesta en el color distinto para cada bando y en la manera en que se disponen en la posición inicial de la partida, pues nunca tendremos un alfil o un caballo en abstracto, sino un alfil blanco o un caballo negro. De ese modo, podemos dividir las piezas en dos grupos antagónicos que son los que luchan por la meta del mate: las piezas blancas y las piezas negras.

El cambio material en la partida. Gracias a las posibilidades de eliminar material del tablero (la captura), como de traer nuevo material a él (la promoción de peones), la composición material en el tablero varía durante toda la partida. Esa composición material es la causa principal de las distinciones que hacemos entre las posiciones de apertura, del medio juego y del final, según sea la cantidad general de piezas presentes.

El material también determina el verdadero potencial que tiene cada bando para alcanzar distintos objetivos durante la partida. Por ejemplo, mientras en el medio juego existe la capacidad de dar mate por un ataque directo al rey contrario, en un final de peones la meta primordial será coronar un peón para obtener ese poder activo.

La ganancia material. Si bien la mayor parte de los cambios materiales mantienen el balance inicial, en otras ocasiones, se altera ese balance provocando lo que denominaremos «asimetrías materiales»: peón o pieza extra, caballo por alfil, pareja de alfiles,… Cuando todo lo demás es equivalente, la superioridad material —mayor cantidad, según la evaluación numérica anterior— indica que se tiene mayor potencia para alcanzar las metas propuestas y suprimir la capacidad defensiva del oponente. La superioridad material incrementa las opciones activas y a su vez induce carencias defensivas al bando inferior. Un peón extra —por ejemplo— otorga la opción real de una promoción, mientras el oponente carece de opciones equivalentes. Si ese poder material se traduce efectivamente en un mayor despliegue activo, lo decidirá la participación real de las piezas en el tablero.[6]

La superioridad material se manifiesta de dos modos distintos. Por un lado se puede tener una pieza o peón adicionales:

Capablanca-Yates (Hastings, 1930)

Con un peón extra, las blancas ganan cómodamente tras 1.Rc6 que coloca al negro en zugzwang.

O, en casos más complicados, se puede tener superioridad material gracias a una correlación superior de material: una calidad de ventaja, 4 peones por una pieza…

Fischer-Petrosian (Buenos Aires, 1971)

Esta es la posición final del famoso match, tras la rendición de Petrosian. Las blancas sacrificaron un caballo por varios peones que sumado a los que tenían de ventaja, resultó en una correlación favorable de 4 peones por un caballo, siendo 3 de ellos peones libres.

Conclusiones. El elemento material define la naturaleza de los otros elementos posicionales. Es decir, que el material determina qué posibilidades de ubicación y movilidad se disponen, y no a la inversa. Por ello, la ventaja de material podría significar, de inmediato o en el futuro próximo, un mayor dominio del tablero y más opciones de movilidad. Una vez se adquiere superioridad material, no será fácil para el contrario resarcirse de la pérdida, pues mientras alteramos la movilidad y la ubicación de las piezas en cada turno, sólo en algunas ocasiones se producen capturas de piezas y, menos aún, promociones de peones. Únicamente, mediante el sacrificio posicional y el combinatorio se cede material a sabiendas, porque se prevé una recuperación con creces en el futuro o una compensación en la actividad general de las piezas restantes.

En resumen, el elemento material define los factores ventajosos siguientes:

El material adicional
1. La pieza o peón extra (por captura limpia o promoción de peón)
2. La mejor correlación material (pieza menor por peón, torre por pieza menor, …)  

[1] Aunque es común hacer la distinción entre piezas y peones, nos referiremos a todas con el nombre genérico de «piezas» y distinguiremos a los peones cuando algún asunto en particular trate de ellos exclusivamente.

[2] O sea, sus cualidades de movimiento, como moverse por casillas o líneas, además de las cantidades de casillas a las que puede tener acceso.

[3] Concurrimos con otros teóricos y jugadores en valorar más al alfil que al caballo. Simplificamos las leves diferencias materiales en valores de .5 de peón, en lugar de un número más pequeño. El factor real de la pareja de alfiles sugiere que los alfiles tienen mayor valor que los caballos. Si bien, dos alfiles contra caballo y alfil no muestran gran diferencia (.5) —y requieren de otras diferencias ventajosas para decidir la lucha—, dos alfiles contra dos caballos sí muestran una diferencia sustancial (1 peón), que basta para lograr otras ventajas y la victoria en la mayoría de los casos.

[4] Respecto a la dama también hay opiniones divididas. Algunos teóricos y jugadores otorgan a la dama un valor de 9.5 o más a pesar de combinar cualidades de alfil (3.5) y torre (5). Se justifica el valor adicional de 1 peón a la dama, o 1 ½ de peón, porque en los finales de dama contra torre y alfil, es ella la que usualmente sale vencedora. Por otro lado, la dama puede resistir dos torres (valor de 10) en muchos finales, lo que puede sugerir que la distancia entre esas fuerzas no llega al peón. ¿Vale la unión de las potencias de alfil y dama un peón extra? ¿Es la dama casi tan fuerte como dos torres? Creemos que el valor de 9 confirma la mayoría de los casos. Teniendo en mente que es más fácil colocar una sola pieza dominante —en este caso la dama—, que varias piezas, el bando con la dama puede adquirir una buena ubicación compensatoria, si fuese menester.

[5] El valor del rey para algunos es mayor que el valor de la torre. Para establecer la base de 4 me refiero principalmente a los finales de torre contra rey y peón. En ellos la torre puede luchar hacia las tablas cuando se enfrenta sola contra rey y peón, a menos que el peón esté bien adelantado.

[6] Una asimetría que deja balanceado el material —pieza menor por tres peones, por ejemplo— no representa una ventaja en este elemento. Será el despliegue posicional de ese material el que decidirá si existe o no una ventaja para algún bando.


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