Los elementos del ajedrez 2

Continuando con esta serie, hoy nos toca hablar del espacio, que apela empíricamente al tablero donde se ubican las piezas.

El espacio: la ubicación de las piezas en el tablero

Del mismo modo que cada bando recibe al inicio de la partida una cantidad de piezas, también dispone de 32 casillas del tablero en donde se establece su ejército y se propaga su influencia. La ubicación de las piezas en el tablero refiere al elemento «espacio» en la teoría clásica. Este elemento se define por el carácter de las piezas ocupantes, las casillas ocupadas y las casillas donde se ejerce algún control o influencia.

La unidad de este elemento es la ubicación de la pieza que puede definirse como sigue:

Propiedades de la ubicación de la pieza

  • La pieza ocupante
  • La casilla ocupada
  • Las casillas de influencia

La pieza ocupante. Por sus cualidades de ubicación, las piezas se pueden agrupar en dos categorías: las piezas que controlan líneas y las piezas que controlan casillas individuales. En el primer grupo se encuentran las damas, las torres y los alfiles; mientras en el segundo grupo tenemos a los peones, los caballos y los reyes. Esta distinción es pertinente, pues la ubicación de una casilla y su efectividad depende en gran medida de la pieza que la ocupa. O sea, que mientras una torre blanca ubicada en a1 —cuando la columna-a está abierta— suele tener una buena ubicación, un caballo estará arrinconado y carente de posibilidades.

En este sentido, las piezas de línea se benefician de la ubicación en columnas y diagonales abiertas hacia el enemigo, donde tienen la posibilidad incluso de penetrar en sus filas. En el sentido contrario, las piezas que se mueven por casilla tienen su mayor esplendor cerca de la frontera con el enemigo e invadiéndole en su territorio, pues, además de tener el mayor despliegue posible de su radio de acción, afectan las posibilidades activas contrarias.

La casilla ocupada. Como es bien sabido, las casillas del tablero —aunque iguales en apariencia— tienen distinto carácter. La diferencia más evidente es la que existe entre las casillas del centro, las laterales y las esquinas. Esta diferencia es destacable porque gran parte de las piezas —dama, alfiles, caballos y rey— se afectan en su radio de acción por la casilla que ocupan. Aunque, merece señalarse, el efecto real en la partida es menor del que usualmente se destaca. Además, no es por la naturaleza cuantitativa del radio de acción de las piezas por lo que debemos apreciar el centro del tablero, sino por sus propias cualidades geográficas.

Mucho se ha dicho sobre la relevancia del centro respecto a las demás casillas. Su ocupación permite una mayor «visibilidad» del tablero y minimiza la «distancia» hacia cualquier otra zona. Por ejemplo, desde una casilla del centro se poseen 8 líneas o direcciones distintas a la vista (columnas, filas y diagonales), mientras que de las laterales sólo se tienen 5 y, desde las casillas de esquina, sólo 3. Además, las casillas centrales se destacan porque están equidistantes del resto de las casillas del borde del tablero, acelerando —con su ocupación— cualquier intención activa sobre cualquier zona. Se habla usualmente de dos conjuntos de casillas centrales. El «centro mínimo» es el conjunto de casillas compuesta por las cuatro casillas del medio del tablero (d4-d5-e5-e4). En él, la dama y los alfiles alcanzan el máximo radio de acción posible. El «centro amplio» lo componen el centro mínimo más todas las casillas alrededor. Es el centro que tiene las esquinas en los escaques c3-c6-f6-f3, lugar ideal para el máximo radio de acción de los caballos.

Además de la caracterización de las casillas por su lugar en el tablero, también podemos distinguir las casillas por su relación con alguno de los bandos. La estructura misma de la posición inicial, que enfrenta a ambos bandos desde zonas opuestas, determina la división del tablero en dos territorios equivalentes y contrapuestos.

Cada bando recibe una zona para ubicar sus piezas y desplazarse, que comprende las primeras cuatro (4) filas desde su lado del tablero. Esta caracterización del tablero, aunque se acepta implícitamente en ocasiones, pocas veces se destaca en la teoría clásica con la profundidad que merece.[1] Dentro del territorio de cada bando, especial atención merece la 4.a fila misma, pues constituye la frontera entre ambos ejércitos. Su importancia es más relevante para las piezas que se mueven por casillas, porque al arribar a allí adquieren finalmente «visibilidad» hacia el territorio enemigo. Cuando son los peones los que entran en el terreno contrario, privan a todas las piezas enemigas —mayores y menores— de él. Y, si están libres, se acercan a las preciadas casillas de promoción en la 8.a fila. Esto último conlleva también a distinguir las casillas avanzadas, pues no sólo se trata de casillas en el territorio contrario, sino que otorgan posibilidades materiales para los peones. Cuando el peón es libre cada avance aumenta su poder ofensivo.

Los conceptos de territorio de cada bando y de zona de ocupación e influencia de las piezas son esenciales para entender la lucha por el espacio. Mientras el terreno de cada bando es una zona fija en el tablero (las 4 filas de cada lado), las casillas de ocupación e influencia de los bandos pueden trascender esa zona durante la partida y tocar el terreno enemigo. Esta extensión del territorio —veremos— es una parte esencial de la lucha.

Las casillas de influencia. La ubicación de la pieza define también su control o influencia sobre el tablero. En este sentido, conviene distinguir entre movilidad, radio de acción e influencia.

Mientras el radio de acción es fijo y comprende toda la potencia que una pieza despliega en un tablero vacío, la movilidad refiere sólo a las casillas de ese radio de acción en las que la pieza puede realmente reubicarse durante la partida. Entonces, ¿qué entenderemos por influencia? En general, las casillas de influencia son todas las casillas de la movilidad, más aquellas del radio de acción donde se protege algún material propio o se ejerce presión sobre el material enemigo. Por ejemplo, un caballo —al igual que el rey— influye en todas las casillas en las que se puede mover y sobre aquéllas que ocupan sus propias piezas. El caballo «influye» sobre esas casillas, pues las «protege» haciéndose hábil a la recaptura.

Para las piezas que se mueven por líneas esa influencia puede ser más complicada. Una torre sólo «influye» en las casillas de su movilidad y en las de más allá de una pieza bloqueadora, bajo ciertas circunstancias. Si la pieza es de su bando y es móvil, definitivamente la torre ejerce presión sobre las casillas de la línea por la posibilidad de un ataque descubierto. Igualmente, si la pieza bloqueadora es del enemigo, la torre puede extender su influencia más allá de esa pieza, si está clavada o protege alguna casilla o pieza por cobertura.[2] Esta misma circunstancia aplica a las demás piezas que se mueven por línea (dama y alfil).

El peón, por su incapacidad de capturar hacia el frente, pierde influencia sobre esas casillas cuando está bloqueado, aunque se da la circunstancia de que, si el bloqueador puede eliminarse por medios agresivos, la presencia del peón adelantado puede significar presión en la línea de la columna de promoción.

Cada pieza manifiesta distintas capacidades de control sobre el terreno contrario. Es decir, que cada pieza controlará distinta cantidad de casillas en el terreno enemigo, según se ubique. Por ejemplo, un peón no podrá controlar más de dos casillas una vez llega a la 4.a fila. El caballo podrá controlar hasta 6 casillas cuando penetra en la 6.a y 7.a filas y desde su centro (columnas-c, -d, -e, -f). El alfil tiene su mejor disposición para controlar territorio enemigo cuando se encuentra en el centro mínimo y en la 4.a fila de su propio terreno. La torre se despliega mejor para controlar el territorio enemigo una vez penetra en él, o sea, en cualquier casilla después de la 4.a fila. La dama se manifiesta similar al alfil, aunque para la dama su mejor desempeño lo tiene cuando ocupa alguna de las dos casillas del centro mínimo en la 5.a fila, pues gana casillas horizontalmente. El rey, una vez se entra en el final de juego, tiene su mejor papel cuando alcanza la 6.a fila en tierras enemigas.

Es aquí donde se evidencia el poco efecto que tiene la ocupación central a ciegas de una pieza y, mucho menos, de los peones. Con excepción de los peones laterales, todos los demás peones controlarán 2 casillas a partir de la 4.a fila. Un caballo, en la 4.a o 5.a fila, verá disminuido su dominio del territorio contrario una o dos casillas fuera del centro amplio (columnas-a, -b, -g y -h). Sólo cuando se infiltra en el terreno contrario verá crecer su potencia hasta 6 casillas (en la 6.a y 7.a filas) e incluso fuera del centro, como ocurre en las casillas c7 o f7. El mismo fenómeno de crecimiento ocurre con las torres y el rey (como pieza activa), cuando se infiltran en territorio contrario en cualquier columna, excepto las laterales.

Sólo los alfiles y la dama verán ampliamente deteriorado su control sobre el territorio enemigo por su ubicación respecto al centro. Ese control diagonal oscila de 4 —en las columnas laterales— a 7 casillas —en las columnas centrales. Por estos datos, podemos concluir que las diferencias sustanciales de cambio en el control de las casillas del terreno enemigo ocurren entre las casillas de las columnas laterales y las demás.

Inicialmente cada bando ocupa e influye solo en las casillas del territorio de las primeras 4 filas de su lado. Durante la partida, dicha ocupación e influencia cambiará, para bien o para mal, ampliándose a otras zonas del tablero o disminuyéndose, según sea el caso. Por ello, distinguimos el concepto de territorio de un bando del concepto casillas de ocupación e influencia, que refiere a esto último.

El dominio. Del mismo modo en que se puede cambiar la composición material en el tablero por medio de capturas y promoción de peones, se puede alterar la ubicación de las piezas y con ello la naturaleza de la zona de juego que se ocupa al comienzo de la partida.

El bando que domina parcelas del terreno contrario y puede obrar en él, mientras mantiene el control de su territorio, reduce la movilidad e influencia del enemigo y, por ende, su capacidad defensiva. Este dominio podría derivar a la ganancia de material, al superar el control enemigo de una casilla ocupada por una pieza valiosa; o al superar el control de la columna de un peón libre.

Pero este objetivo no se puede plantear en abstracto, ni sumando la cantidad de casillas enemigas que controlamos. Siendo la unidad de medida las piezas ubicadas, las diferencias han de medirse en torno a aquellas piezas que propagan alguna influencia sobre el terreno opuesto. En concreto, se trata de disponer de piezas o peones dominantes del territorio enemigo. Específicamente podemos enumerar los siguientes factores dominantes: los puestos avanzados o adelantados, la pieza infiltrada y la pieza en líneas abiertas.[3]

El puesto avanzado. Los puestos avanzados o adelantados tienen doble cariz. Un tipo de ellos corresponde a la ocupación de la 4.a fila del territorio propio por piezas que se mueven casilla a casilla (peones, caballos y reyes). Cuando no pueden ser expulsados, mantienen un control permanente sobre el terreno enemigo más próximo. Si se logra colocar el puesto más allá de la 4.a fila se denota además el dominio —o la falta de dominio del oponente— del territorio enemigo ocupado. De entre los más característicos están los puestos de caballo y de peón.

Lasker-Capablanca (San Petersburgo, 1914)

Todo estudioso del ajedrez conoce esta posición. El gran Lasker entendía del poder de un caballo en 6.a dominando hasta 6 casillas en el campo enemigo, condenando a las torres negras al encierro. El impacto de este caballo definió toda la partida. El ejemplo equivalente moderno —por sus participantes, como por la fuerte impresión que causó— es la famosa decimosexta partida entre Kárpov-Kaspárov del Campeonato de Mundo (masculino) de 1985 y el caballo negro en d3.

La pieza infiltrada. Un tipo de invasión similar es la pieza infiltrada. Es una pieza que penetra en las filas enemigas y puede actuar sobre toda una zona. La pieza infiltrada puede ser expulsada de una casilla particular, mas no del territorio enemigo ocupado. Es común ver en ese papel a las torres y las damas, o los reyes en el final de partida.

Lee-Nimzowitsch (Ostende, 1907)

Las negras ya están infiltradas con su torre en e2 y sus peones adelantados. Aquí las blancas jugaron 1.fxg4+, debilitando la casilla e4 que se tomó de inmediato infiltrando el rey con 1…Re4! Y las negras ganaron el alfil blanco y la partida en unos cuántos movimientos más.

La centralización. Una versión particular de estos recursos es la pieza centralizada. La ocupación del centro o la centralización de piezas tiene el doble efecto de ampliar el control de más territorio enemigo y posibilitar cualquier acción sobre distintas zonas del tablero. Aunque, como ya se señaló antes, las piezas más beneficiadas por esto son la dama y el alfil.

La ocupación central con peones también es útil, pues mediante ella se priva a la dama y alfiles enemigos de su mejor territorio, disminuyéndole su poder activo.

La pieza en líneas abiertas. Hay otras bondades de ocupación que no conciernen a casillas específicas, sino a líneas de casillas. La ocupación de líneas abiertas hacia el enemigo no dependerá de una casilla particular, sino de toda la línea y su dirección hacia el oponente. La pieza en líneas abiertas ejerce el control a distancia, como es el caso de los alfiles, las torres y las damas.

Smyslov-Botvinnik (La Haya/Moscú, 1948)

En esta posición las negras tienen todas sus piezas en líneas abiertas hacia el campo enemigo. La partida culminó con el movimiento 1…Te1!, que explota todos los beneficios del dominio. Las blancas abandonaron poco después.

Las debilidades. Los factores anteriores representan ejemplos del dominio sobre el terreno enemigo, pero no aseguran la integridad del territorio propio. Nada se ganaría en dominar algo del terreno opuesto, si éste, en cambio, puede hacer lo mismo en nuestro territorio. Algunas casillas del territorio de cada bando cambian de estado y se convierten para él en sus puntos débiles. Estas casillas débiles son accesibles al enemigo, pues no reciben —de momento o plenamente— suficiente protección del bando propio.[4] Nacen, en la mayoría de los casos, por defectos de control del territorio, debido a una pobre colocación de piezas o peones.[5] Los defectos más típicos son los relacionados a la formación de los peones. Por ejemplo, la falta de peones laterales deja a un peón aislado de sus pares, dificultando para su bando su supervivencia.

Hablamos de debilidades materiales para referirnos a las casillas ocupadas,[6] en las que el bando ocupante carece de medios para controlarlas o en las que tiene dificultades para hacerlo eficientemente.

También hablamos de debilidades de casillas para referirnos a las casillas desocupadas del territorio de un bando, difícilmente controlables para él. Su debilitamiento ocurre usualmente por el desplazamiento inadecuado de peones o por la inmovilización de éstos, afectando la capacidad de su bando para controlarlas económicamente.

La siguiente enumeración de debilidades no pretende ser exhaustiva. Recogemos sólo los factores más comunes:

Factores debilitantes

De peones

  • Peón aislado y sus variantes: peón doblado,[7] peón retrasado,[8] pareja de peones,[9] peones separados por dos filas.[10]
  • Peones de la cubierta del rey: sólo protegidos por éste o por ellos mismos.[11]

De piezas

  • Rey abierto: sin protección o con pobre protección de una cubierta de peones, o en posición adelantada.
  • Pieza inmóvil:las piezas con poca o ninguna movilidad suelen ser blancos fijos para ataques continuos.
  • Pieza al aire, expuesta o fuertemente presionada: Naturalmente, las piezas carentes de defensa o con una defensa limitada, pueden ser debilidades críticas.

De casillas

  • Casillas de infiltración: casillas de 3.a y 4.a fila en el territorio propio sin protección posible de peón; o casillas de 2.a y 1.a fila accesibles por líneas abiertas.
  • Casillas alrededor del rey: protegidas sólo por éste o por los peones de su cubierta.
  • Casillas especiales:[12] por causa de una correlación asimétrica del material (3 peones por pieza menor,[13] alfiles de color distinto).
  • Líneas débiles: por torres desconectadas, columnas semiabiertas, falta de alfil del color de la línea, ausencia de barrera de peones o minoría de ellos, etc.

La persistencia de las debilidades las define como permanentes o temporeras.Mientras algunas debilidades requieren explotación inmediata (mediante una combinación, por ejemplo), otras debilidades (como los peones débiles) trascienden varias etapas de partida y hallan su explotación en el final.

Las debilidades no representan una ventaja espacial en sí, pues no otorgan automáticamente el terreno o el material al enemigo. Su defecto radica en la potencia que le dan al contrario para ganar material, ocupar el territorio débil o restringirle en la defensa.[14] Aunque no toda debilidad implica necesariamente una ganancia, todo error en la partida viene asociado a una debilidad. La debilidad asociada al error crítico es aquella que se crea y es explotable de inmediato; o aquella formación débil existente y oculta —no explotable forzosamente—, que se abre a la explotación enemiga.[15]

Cuando se tienen debilidades materiales, por ejemplo, el bando afectado tendrá que emplear esfuerzos notables para mantener intacto al material ocupante, en caso de un ataque enemigo. En cambio, por el lado de las debilidades de casillas, se requerirá la defensa de piezas para evitar cualquier invasión del ejército contrario. De hecho, es la explotabilidad de la debilidad el criterio fundamental para valorarlas, pues algunos de los factores antes mencionados pueden ser ingenuos e inservibles para ganar algún beneficio.

Conclusiones. Si el elemento material es la base de todos los demás elementos, será la ubicación de las piezas la que determine su movilidad definitiva. Mientras la pieza dominante no representa mayor material, abona a la inmovilización enemiga cuando reduce la disponibilidad de su terreno.

Resumiendo, decimos que el elemento espacial define los siguientes factores ventajosos:

La pieza o peón dominante
1. El puesto avanzado o adelantado
2. La pieza infiltrada en territorio contrario
3. La pieza en líneas abiertas hacia el campo enemigo

[1] Tarrasch y Nimzowitsch, entre otros, mencionan el concepto de la frontera para referirse a la 4.a fila, dividiendo el tablero en las dos zonas. Nimzowitsch, particularmente, ata su concepto del desarrollo a trasladar el ejército hacia esa frontera. Aún así, el concepto se limita a este aspecto y no se le vincula directamente al dominio de las columnas o la infiltración, por ejemplo, ampliamente tratados por ambos maestros.

[2] En ocasiones, aunque la pieza no esté clavada —protegiendo material valioso— se ata en la defensa, si defiende una casilla u otra pieza de menor valor, cuya ocupación o captura, respectivamente, puede ser perniciosa en términos posicionales.

[3] Consideramos incluidas las columnas semiabiertas bajo este factor.

[4] La capacidad de control puede medirse por la prevalencia de un bando sobre una casilla de su territorio. Si un bando no puede evitar la ocupación de ese terreno, sin obtener compensación, entonces decimos que no ejerce control sobre él.

[5] Algunos defectos similares surgen por asimetrías materiales, que propagan su efecto en la ocupación del tablero y, por ende, en el radio de acción de las piezas.

[6] Aunque la gran mayoría de las debilidades materiales son casillas ocupadas por piezas, existen casillas no ocupadas que pueden considerarse tales, cuando la ocupación enemiga implica una amenaza material irrechazable.

[7] Pues uno de ellos siempre estará desprotegido.

[8] Es el peón más retrasado de una cadena de peones, cuando no es posible adelantarlo o su adelanto no garantiza la protección de uno de sus pares. Puede estar en una columna semiabierta o cerrada.

[9] Esto incluye los peones colgantes y toda cadena de dos peones. Esta cadena es la más débil y su debilidad radica en el peón que queda retrasado y en su cercanía al peón aislado.

[10] Este factor es reconocido en la práctica, aunque no se discute mucho en la teoría. Los peones separados están virtualmente aislados mientras no disminuyan el espacio entre ellos. Podemos incluir aquí también a los peones separados por una sola fila, pero con la base bloqueada o inmovilizada.

[11] En muchos casos la protección del rey es ficticia, pues no se expondrá a recapturar, si le representa riesgo.

[12] Se reúnen bajo este grupo las debilidades por complejos enteros de casillas de un mismo color, muy típico en finales con cadenas fijas de peones bloqueados.

[13] Entre muchas otras asimetrías atendidas por la teoría: pieza menor y dos peones por torre, dama y peón por dos torres.

[14] La valoración de las debilidades como una ventaja es un fenómeno que llega desde los tiempos de Philidor y se acentúa con los postulados de Steinitz. En realidad, estos factores sólo crean una potencia de ventaja, más no la ventaja misma.

[15] Este segundo caso, es el típico en las posiciones de los peones alrededor de los reyes. Estos peones defendidos sólo por el rey son naturalmente débiles, pero no necesariamente explotables de inmediato hasta que se permite la apertura de líneas hacia ellos o casillas de invasión cercanas.

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