Los elementos del ajedrez 4

Este artículo es la cuarta entrega que toca el teman de los elementos ajedrecísiticos. A saber, los elementos posicionales (el material, el espacio y el tiempo) y el elemento de la partida, que es el movimiento.

¿Por qué esas distinciones? ¿Acaso movilidad y movimiento no apelan a los mismo? Empíricamente, una partida es una sucesión de posiciones relacionadas por ese cambio de localización de una pieza a otra casilla y que puede implicar en algunos casos la eliminación de una pieza (la captura) o la incorporación de otra. Sólo en los casos del enroque vemos que dos piezas se reubican en casillas distintas. Las cualidades de una posición que podemos definir en los elementos posicionales son distintas a la cualidad que se extrae de esa relación sucesiva entre las posiciones que conforman la partida, o sea, el movimiento.

El estudio de los elementos posicionales nos brindó —a manera de factores en una posición— la definición estratégica de los objetivos que debemos perseguir para obtener la superioridad y la ventaja. Pero ¿cómo se construyen tales posiciones?

Los elementos posicionales contestan la pregunta de qué debemos hacer. En cambio, los movimientos nos apuntan a cómo debemos hacerlo. Su estudio completa el conjunto de principios por los que se rige el ajedrez. De los elementos posicionales derivamos la estrategia; de los movimientos, la táctica.

Como se indicó antes, la teoría clásica —y algunos proponentes contemporáneos— tratan la movilidad y los movimientos indistintamente dentro del elemento tiempo. La diferencia entre ambos es real y es la diferencia entre el «poder-ser», definido por la movilidad, y el «ser» real, que ejemplifica el movimiento. El movimiento es el vínculo de las posiciones derivado de la movilidad que tuvo la primera posición.

El movimiento

Mientras los elementos de la posición se definen por las piezas, el tablero y el turno, la partida define el cuarto elemento: el movimiento. Mediante los movimientos damos coherencia a la partida construyendo con ellos los factores posicionales que nos favorecen y destruyendo o impidiendo los del enemigo.

Este elemento —el movimiento— pocas veces se estudia por sus cualidades intrínsecas. Se atiende casi exclusivamente a motivos tácticos concretos (ocupar el centro, infiltrarse en la 7.a fila) y al estudio de las combinaciones (el sacrificio de alfil en h7/h2, por ejemplo). Pero estos análisis se refieren a cualidades de movimientos específicos y no al elemento respecto a la partida. Aquí, vamos a profundizar en su naturaleza que, en gran parte, define la partida.

El movimiento crítico y su amenaza

Al estudio del movimiento crítico corresponde el análisis táctico hacia la obtención de los factores críticos posicionales. Su objetivo es definir las cualidades del movimiento crítico y la vía para su ejecución, o sea, la amenaza crítica. Parecería suficiente decir que el estudio del movimiento debe ser en parte el de la movilidad que posibilita los factores ventajosos. Pero bien se percibe que las cualidades específicas del movimiento son distintas a las cualidades de la movilidad.

Si tomamos cualquier movimiento aislado vemos que se trata del desplazamiento de la pieza específica de uno de los bandos a otra casilla en el tablero, adquiriendo otra movilidad —a veces despejando movilidad a otras de su bando— y entregando una movilidad, un tanto diferente, a su oponente. Ese desplazamiento dependerá de la calidad de la movilidad en turno; de aquélla que se eligió para, cuando menos, mantener el equilibrio e, idealmente, obtener algún beneficio.

En resumen:

Propiedades del movimiento

  • El material que se desplaza
  • El impacto material
  • La casilla de destino
  • La movilidad propuesta
  • La movilidad entregada al enemigo

La pregunta recurrente para el siguiente análisis será: ¿qué diferencias pueden causar las propiedades del movimiento que denoten valor para la posición propia y daño para la del enemigo? La respuesta a esa pregunta nos dará como resultado la definición del movimiento crítico y su amenaza.

Veamos cada caso.

El material que se desplaza. ¿Se produce alguna diferencia elemental al mover un peón frente a mover un caballo o una dama?

Si lo miráramos desde el punto de vista del dominio, el desplazamiento de la dama podría ser más beneficioso que el de un peón por el enorme radio de acción que puede alcanzar en cualquier zona del tablero. Pero no todo es tan simple. El ataque de un peón tiene una gran fuerza desmovilizadora e, infiltrándose en el terreno enemigo, le privará de esas zonas a todas sus piezas.

Igualmente, al mirar esta cualidad desde los otros elementos posicionales,[1] el desplazamiento de las piezas de escaso valor parece más conveniente. Consideremos primeramente el elemento material. El ataque de un peón a una pieza —o la captura misma de ella— o, más aún, la promoción, exigen ambos una reacción equivalente del bando amenazado, que no se satisface con la mera captura del peón atacante. Por su escaso valor el peón puede amenazar, capturar y sacrificarse por cualquier otra pieza. Y, en el peor de los casos, se estaría intercambiando equitativamente por otro peón. A diferencia del ataque con dama, el ataque de peón no se detiene fácilmente defendiendo la casilla de la pieza amenazada, excepto si es otro peón quien la habita.

El principio es, en resumen: el ataque con piezas de escaso valor reduce las posibilidades defensivas del oponente.

En el caso de la promoción del peón, el bando que promueve tiene las de ganar a menos que el oponente tenga una respuesta correspondiente a la dama coronada o pueda eliminarla convenientemente —sin pérdida material— mediante su captura. En cambio, el ataque o la captura que hace una dama sólo será efectivo cuando nos aseguramos de que la dama misma no se perderá en la refriega.

¿Qué impacto puede tener el tipo de pieza que se desplaza, respecto al elemento tiempo, o sea, a la movilidad? Aquí también el material de escaso valor tiene mayores probabilidades de restringir al enemigo. Un peón o un caballo son hábiles para restringir casi a cualquier otro material, mientras la dama sólo podría restringir a otra dama o a varias piezas a un tiempo.[2] De lo contrario, no podríamos dar algún valor a su esfuerzo.

En resumen, el movimiento de material de escaso valor tiene mayores probabilidades de causar un impacto favorable en los elementos posicionales que los movimientos de las piezas mayores. Pero, nótese que hemos indicado sólo una tendencia favorable para esos desplazamientos y no una diferencia elemental en sí. Mover un peón o una dama no tienen efectos directos en los elementos posicionales, mientras no sean invasivos.

El impacto material. Mediante los movimientos podemos alterar la composición material de una posición. Los movimientos de captura y promoción de peones tienen su peso inmediato en el elemento material al grado de que deben ser respondidos con fuerza equivalente por el bando contrario. Sin esa respuesta, se perderá material y la compensación posicional exigirá de muchos y muy potentes factores favorables.

Pero no sólo la captura o promoción directa tienen un fuerte impacto en el material. Las amenazas irrechazables de tales movimientos pesan tanto como ellos mismos. Incluso, las amenazas simples exigen atención, pues se debe contar con una respuesta adecuada. Es por dicha razón que los movimientos que amenazan el material son parte de los movimientos coactivos o de fuerza, cuando limitan grandemente la movilidad efectiva enemiga a unas pocas opciones.

Como ya se ve —y veremos en adelante—, la amenaza material es una de las cualidades inseparables de la fuerza crítica del movimiento.

La casilla de destino. La respuesta relativa a este tema es obvia. Al caracterizar el dominio como la invasión y control del terreno contrario, será de gran diferencia si las casillas de destino están en el terreno propio o en el del enemigo. Al invadir el terreno enemigo nos acercamos a obrar contra su material y le privamos de movilidad para ofrecer resistencia. También es de gran peso el desplazamiento que apunta a esas casillas, pues son el anticipo de la infiltración; y, aunque nunca ocurra esa invasión, el dominio ejercido privará al contrario de ellas.

Esto no significa que el desplazamiento en terreno propio sea de escaso valor. El desplazamiento en terreno propio tiene especial valor en dos circunstancias particulares: cuando se desarrollan las piezas —en preparación para acciones críticas— y cuando se busca recuperar ese terreno de la ocupación o dominio del enemigo. El movimiento en tierra propia podría recuperar nuestro lado del tablero.

La movilidad propuesta. Con un movimiento construimos nuestra movilidad y la que entregamos al oponente. Idealmente, debemos construirnos posibilidades críticas abundantes, pues resultará más complejo e improbable que el enemigo encuentre salvación para todas ellas.

La movilidad que construimos con el movimiento debe basarse en ataques dobles, donde amenacemos críticamente con obtener ventajas en múltiples frentes, en uno o más de los elementos posicionales. Al así hacerlo, aumentamos el caudal crítico de la movilidad propia e indirectamente reducimos la movilidad enemiga a aquella que puede resolver todos los problemas a un tiempo. Eso, como es fácil prever, exige mucho temple y profundidad de análisis.

Por ejemplo, el avance de un peón (material poco valioso) que ocupa territorio enemigo puede significar la colocación de un peón dominante, dominar la movilidad de una pieza enemiga y abrir líneas a sus piezas, todo a un tiempo.[3]

La movilidad entregada. Al definir la movilidad que entregamos al enemigo debemos entregarle la peor movilidad posible; la que le restrinja a una o pocas acciones para mantener el balance.

Aunado al planteamiento de ataques dobles, es preferible que al menos uno de ellos implique una amenaza material. Tales movimientos son perfectos para reducir al mínimo la movilidad enemiga, porque exigen respuestas precisas y, en no pocas ocasiones, únicas.

Cualidades del movimiento crítico. Si una cualidad particular y recurrente tiene el movimiento crítico es su fuerza coactiva en la amenaza material. Como se ha visto esa fuerza puede impactar en los tres elementos posicionales.

En resumen, podría afirmarse que el movimiento crítico tiene las siguientes características:

El movimiento crítico

  • Probablemente desplaza piezas menores y peones para amenazar el material enemigo, desplazarle o restringirle (en cualquier área del tablero). O, desplaza piezas mayores para dominar terreno enemigo.
  • Captura material y promueve peones (o amenaza con ello).
  • Ocupa casillas en territorio enemigo o apunta hacia ellas o recupera —o amenaza recuperar— terreno propio.
  • Amenaza doblemente, siendo una de ellas una amenaza de ganancia material. O, al menos, ejecuta una simple amenaza de ganancia material.

Recogiendo todos los factores arriba mencionados, podríamos decir que el movimiento crítico perfecto es aquél que invade las posiciones enemigas, amenazándole doblemente y con alguna fuerza coactiva que involucra la ganancia material.[4]

Lo antes dicho no excluye otro tipo de desplazamientos críticos. Al describirlo de este modo apuntamos al movimiento más crítico, pues aquí, como en muchas áreas de la evaluación posicional, hay grados de calidad.

La amenaza crítica. Es la amenaza de realizar forzadamente, de inmediato o eventualmente, un movimiento crítico. Esta amenaza es la protagonista de la partida cuando la posición está equilibrada. Sin amenazas sería casi imposible que un bando se distanciara del otro y rompiese el equilibrio, y tendríamos que ampararnos de errores directos del enemigo.

Ante las amenazas críticas de un bando, su contrario sólo dispone de pocas alternativas defensivas: su prevención total, su invalidación crítica o su compensación por medio de un contrajuego, al menos equivalente. En la partida esto significa que a toda amenaza crítica propuesta por el enemigo se debe procurar disponer de una defensa suficiente. Por esto, todo movimiento que no detenga, invalide o compense las amenazas críticas enemigas es un error crítico.

Esta circunstancia define también el razonamiento durante la partida. Mediante la consideración inicial de las amenazas del enemigo, reducimos el caudal de opciones o movimientos candidatos para el análisis. El bando con el turno debe ignorar las amenazas inocuas del oponente que reconoce, por principio, no le perjudicarán. En cambio, considerará sólo aquellas opciones que pueden alterar el balance elemental, ahorrando tiempo en el cálculo concreto.

El movimiento crítico es el protagonista durante la crisis total. En esta fase de la partida, el bando con ventaja puede encadenarlos con amenazas críticas continuas hasta el mate, pues el enemigo no podrá impedirlos.

Chiburdanidze-Dvoirys (Tallinn, 1980)

Esta posición ilustra, a partir del siguiente movimiento blanco, la fuerza y belleza de las amenazas y los movimientos críticos en plena crisis. A partir de esta posición, las blancas ejecutan más de 20 movimientos de ataques dentro del terreno enemigo o de amenazas de invasión. Como primera acción acaban de mover 1.Te1, con la amenaza directa del salto típico de caballo a d5 para incitar la apertura de la columna-e. Siguió 1…Db6 2.Cd5!? exd5 3.Cc6!!, cediendo el otro caballo.

Posición tras 3.Cc6

3…Axc6? La captura en 3…dxe4 sostiene el equilibrio con complicaciones difíciles de evaluar en el tablero: 4.Axe4 Cc5 5.Axf6 gxf6 6.Ad5+ Rd7 7.Dh5 Rc7 8.Dxf7+ Cd7 9.Td3, y a pesar de la pieza de menos las blancas continúan con una fuerte posición que le garantiza las tablas al menos. La del texto debilita precisamente c6, que el blanco ocupará con un peón libre. 4.exd5+ Ae7 5.dxc6 Cc5 6.Axf6 gxf6.

Posición tras 6…gxf6

Los agujeros en las casillas blancas del centro y el flanco de rey negro se harán notar: 7.Af5! (amenaza c7)Dc7 8.b4 Ce6 9.Dh5 Cg7 10.Ad7+ Rf8 11.Dh6 d5.

Posición tras 11…d5

Ahora se ocupará el complejo de casillas negras e7-f6: 12.Txe7! (destrucción de la defensa) 12…Rxe7 13.Te1+ Rf8 14.Dxf6 Rg8 15.Te7 Tf8.

Posición tras 15…Tf8

Finalmente, todas las piezas blancas han invadido la posición negra. Con la siguiente secuencia se remata la partida. 16.Ae6 Dxe7 17.Dxe7 fxe6 18.c7. Este peón no podrá detenerse. 18…h5 19.Dxf8+ Rxf8 20.c8D+ Rf7 21.Dxh8 1-0.

Tipos de movimientos críticos

El movimiento crítico puede clasificarse además por sus intenciones tácticas. Éstas son:

Tipos de movimientos críticos

  • La atracción
  • La distracción[5]
  • La destrucción
  • El desplazamiento irrechazable

Los primeros tres tipos de movimientos plantean amenazas materiales que producen algún beneficio elemental (no exclusivamente material). Por ejemplo, mediante la atracción se puede forzar la colocación de una pieza en la mira de otra que podrá capturarla con ventaja:

Alekseenko-Sarana (Yaroslavl, 2018)

La dama blanca controla la casilla f3, impidiendo la infiltración de la dama negra, por lo que las negras jugaron de inmediato 1…Te3! atrayendo al alfil blanco a 2.Axe3 para interrumpir ese control y, tras 2…Df3+, infiltrar las piezas mayores.

Kevitz-Capablanca (New York, 1931)

Aquí las blancas han logrado contener al negro momentáneamente. Ante la amenaza de invasión 1…Tb8 —en camino a b2— las blancas contraponen 2.Tf3!, aprovechando que el peón en a3 queda débil. Capablanca apaga el contrajuego mediante: 1…f3! Con ese avance se devalúa o elimina la defensa, por atracción o distracción. Véase: 2.Axf3 (atracción) Tb8 y ya no es posible la defensa 3.Tf3 por la obstrucción del alfil; o, 2.Txf3 (distracción) Axa2. Siguió: 2.Af1 Tb8 3.Txf3 Tb7+, pues el alfil fue distraído de la segunda fila.

La distracción aleja el material defensor de la protección de su terreno o de la defensa de una pieza:

Juegan blancas

La siguiente posición es conocida por todo principiante que estudia los finales de peón. El rey negro está muy lejos para presentar algún peligro, pero con 1…b6 se detendría cualquier intención blanca de avance ulterior. Por esto, 1.b6! es la vía correcta que gana a costa de varios peones, ya que se desvía la defensa de la línea de promoción. 1…axb6 2.c6! bxc6 3.a6 y se corona el peón.

Carlsen-Gelfand (Londres, 2013)

Aquí, ante la amenaza a su torre y la posible infiltración de la torre negra por a1, Carlsen juega 1.Da5!, ofreciendo su dama, para distraer a la torre negra de la defensa de d8. De paso, ataca a la torre y domina d8, mientras evita cualquier infiltración. Gelfand siguió 1…Tf8 y con 2.Db6, las blancas defendieron su torre y prepararon el avance de sus peones libres.

La destrucción usa la captura para eliminar cualquier pieza enemiga que conforme un factor favorable o defensivo. Es el tema más común de los ataques virulentos contra el rey enemigo y su cadena protectora de peones:

Yi-Bruzón (Danzhou, 2015)

En esta posición, las negras no podían permitir que el caballo blanco se quedara a sus anchas en d5, por lo que toman la decisión de eliminarlo con 1…Cxd5?, en vez de 1…Axd5. Las blancas destruyeron la posición del rey negro con 1.Txf7! obligando también su exposición por atracción, pues la captura es forzada. 1…Rxf7 2.Dh7+ y las blancas escoltaron al rey negro hacia el cadalso.

En cambio, los desplazamientos irrechazables son de variado tipo: desde la amenaza directa de ganancia material, hasta la simple presión que ata una pieza enemiga a la defensa.

Caruana-Karjakin (Wijk aan Zee, 2014)

Las negras jugaron 1…Re8? (en lugar de 1…f6 para controlar la débil e5), obviando los siguientes desplazamientos que regalaron a las blancas dos piezas dominantes. 2.e5 Ae7 3.Txd7 Rxd7 4.Td2+ (dominando la columna-d) Re8 5.Cc6, asegurando la columna-d con un caballo bien apostado.

P. Heuäcker, 1920 (juegan blancas)

Este ejemplo combina varios de los recursos anteriores. El blanco tiene un peón muy adelantado que el negro no podrá detener con su rey, pero sí con su alfil (1.h7 e4). Las blancas apelan a varios recursos para impedir el control negro de la casilla de promoción: 1.Aa7 (desvío) 1…Aa1 2.Rb1 (desplazamiento) 2…Ac3 3.Rc2 (desplazamiento) 3…Aa1 4.Ad4!! (atracción) y ahora a cualquier captura negra 4…exd4 o 4…Axd4 se sigue con 5.Rd3 (desplazamiento), evitando la protección de a8 por bloqueo al peón negro (4…Axd4 5.Rd3 Aa1 6.Re4, por ejemplo).


[1] Usaremos este término para distinguir los elementos de la posición (material, espacio y tiempo) del elemento de la partida (el movimiento).

[2] Entiéndase, no decimos que el material de poco valor tiene mayores capacidades específicas para restringir, sino que su escaso valor le da mayores opciones para amenazar material o restringirle, pues casi cualquier otra pieza o peón pueden ser blanco para él.

[3] Estas cualidades son típicas de los movimientos liberadores, sobre cuya restricción erigió Nimzowitsch su sistema.

[4] Usamos el término más amplio de «posiciones de un bando» o «posiciones enemigas» para referirnos a las casillas de terreno de un bando, más las casillas que, fuera de él, ocupan sus piezas en el terreno de su adversario.

[5] Denominada también desvío.

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