Del dominio a la invasión posicional

Las entradas anteriores describen los elementos básicos que confirman la partida de ajedrez. De ellos podemos deducir varios principios, además del curso que nos debe llevar desde el equilibrio inicial hasta las posiciones superiores, pasando por la crisis, ese estado en que se puede alterar el balance de los elementos para obtener la ventaja, igualar o reducirla (si estamos en desventaja).

En otra entrada previa, había descrito ese fenómeno respondiendo al a pregunta ¿cómo se gana una partida de ajedrez? La respuesta require entender el estado que denominamos crisis, pasando por el error crítico y finalizando en la invasión posicional. En esta entrada dibujamos un cuadro más amplio que describe el proceso que se mueve por todos esos estados.

Todas las posiciones superiores —de material, dominantes o restrictivas— tienen una raíz común en los movimientos que dominaron e invadieron las posiciones enemigas.[1] La lucha táctica que elabora las posiciones superiores se define por ese constante esfuerzo de ambos bandos por controlar y ocupar el terreno enemigo, como por recuperar el terreno propio invadido. Pero antes de que ese dominio o invasión ocurra, debemos partir del debilitamiento de la zona.

Es pertinente distinguir entre una ocupación a secas, que no controla la casilla que se ocupa, de otra que sí lo hace. El primer caso es más débil, pues el enemigo podría atacar al invasor forzando la retirada o, peor aún, capturarlo con ganancia. Sólo cuando el enemigo no puede recuperar el control, dicha ocupación simple tiene razón de ser como movimiento invasivo. Por ello, en vez de referirnos a la invasión a secas como el objetivo táctico por lograr, debemos incluir, como necesario, el previo dominio de la casilla o zona invadida.

Veamos el impacto de estos dos aspectos, el dominio y la invasión, siguiendo su evolución típica, desde el dominio y la invasión espacial, hasta la restricción del enemigo y la ganancia de material.

El dominio y la invasión espacial

Todos los factores dominantes —puesto avanzado, control de líneas abiertas o la infiltración— denotan un mayor control del territorio enemigo y del tablero, que no pocas veces deriva en la invasión plena de su espacio. El bando dominante controla e invade el territorio enemigo, anticipando la ganancia de material o, cuando menos, la restricción severa de su enemigo.

Es importante distinguir que la culminación del dominio en la invasión del terreno enemigo es la meta ulterior de la lucha por el espacio.

Kaspárov-Marjanovic (Malta, 1980)

Un factor dominante sólo es posible cuando el bando afectado pierde control de su territorio o, en ocasiones, el total dominio.[2] En la posición de arriba, las blancas ya han sacrificado un peón a favor de un mejor despliegue de piezas (Te1, Cf5, Af4 y Ah3). Las negras cometieron previamente el error Rh8?, obviando que la casilla e4 está desprotegida por la clavada del peón d5 y que sirve de tránsito para ocupar g5. Los siguientes movimientos completan el despliegue dominante de las piezas menores y la dama, aprovechando que las casillas g5 y h5 y las casillas negras de la columna-e (actualmente dominada) son susceptibles de ocupación: 1.Ce4! Axb2. Las blancas ceden poco valor en el ala de dama, por el valioso terreno alrededor del rey negro. 2.Cg5!, amenazando con el ataque descubierto a la dama y la captura inmediata del peón en h7. 2…Dc6 3.Ce7 Df6.

El peón h7 está realmente al aire, pues la recaptura sería mortal para el negro. 4.Cxh7 Dd4?? (y será mate) 5.Dh5, sumando la dama a la invasión. 5…g6 6.Dh4 Axa1? 7.Cf6+ 1-0.

La cesión de una parte de nuestro territorio por adquirir otra zona más valiosa es típica en los ataques al rey, como ocurrió en el anterior ejemplo. El bando que va por el rey suele ceder incluso material en un flanco para ocupar casillas avanzadas alrededor del rey enemigo estacionado en el flanco contrario y, no menos importante, evitar su escape.[3]

Artemiev-Hracek (Skopje, 2019)

Las blancas ya han comenzado a aglutinar sus piezas en el ala de rey y apuntan directamente a ocupar pronto f5 o h5. De paso, abandonan su flanco de dama (b4-b2) a su suerte: 1…Ad8? Deja a la torre negra en c8 al aire. Mejor vista ofrece 1…h6. 2.Te3 Tf8 3.Tce1 Db4? Persiguiendo una quimera, mientras se abandona el ala de rey.

Ante la distracción invasiva de la dama negra, las blancas contraatacan con 4.Df5! que es más poderoso por apuntar al rey negro. 4…Ta8 5.Td1 Ce8 6.Af4 Cf6 7.Tg3 Rh8? Sin atender la débil g7. 8.Tdd3 Ae8.

Las negras están casi confinadas a la primera fila de sus territorio. Ahora las blancas «divierten» a la dama negra. 9.a3 (?!) Valía de inmediato el sacrificio de la torre en g7, pues ahora el negro podría regresar a tiempo para reforzar su flanco de rey (f7, f6) mediante 9…De7. 9…Dxb2? 10.Txg7! Comienza el desmantelamiento de las posiciones del rey negro. 10…Rxg7 11.Tg3+ Rh8.

¿Cómo continuar el ataque? Una posibilidad obvia sería 12.Ah6, pero con 12…Tg8, el negro ofrece más resistencia. 12.Cxd5! Cxd5 13.Ah6 Af6 14.Dxf6+! 1-0.

Restringir para limitar el dominio

Mientras el invadir al enemigo distingue la parte ofensiva del proceso dominante, la restricción de la movilidad, en cierto modo, destaca el lado defensivo: al restringir, impedimos que el oponente tenga fuerza suficiente para dominar nuestro territorio y, menos aún, ocuparlo.

Cuando un bando está restringido, ha perdido control de su terreno y sobre sus casillas de influencia. La restricción es un signo del dominio que ya tiene el bando fuerte sobre el bando débil, y preludia la invasión espacial o la ganancia material.

Las piezas encerradas no tienen salida fuera de su territorio, pues están bloqueadas por sus propias piezas —también inmóviles— y sus casillas de influencia están dominadas por el enemigo. El encierro es el corolario a una operación exitosa de dominio en grandes parcelas del territorio enemigo, sosteniendo el propio.

Kotov-Kashdan (URSS-EEUU, 1945)

Con la siguiente captura, el blanco se asegura del dominio pleno de e5 que encierra al alfil negro en sus propias filas: 1.Axe6! fxe6.Con la atracción del peón f7, se bloquea el peón en e7, evitando la liberadora e5 y el uso de la diagonal a3-f8. 2.Tb8! Al forzar el cambio de torres se destruye un posible contrajuego en la columna-d (con Td7 y e5). 2…Txb8 3.Axb8 Ah6 5.f4 y el negro tiene su alfil permanentemente encerrado, a menos que ceda material.

En cambio, las ataduras de piezas resultan de la carencia de control sobre las casillas ocupadas por el ejército perjudicado o la presencia de casillas vulnerables de ocupación enemiga. Para colmo de males, cuando se ata una pieza a la defensa, se le aleja de otras zonas de su campo, que no podrá defender con éxito o a tiempo.

Cohn-Rubinstein (San Petersburgo, 1909)

Las negras amenazan 1…Th4, atando a la torre blanca, con las consabidas consecuencias. También se amenaza irrumpir con el rey en la 4.a fila, mediante Rf6 o Rd6. Las blancas creyeron que con 1.Tc1?, detenían toda acción, pero —al contrario— este movimiento es un error crítico. Ciertamente ofrece más resistencia 1.f4, pues las negras no podrían evitar el cambio subsiguiente de torres. Ahora el negro, con la iniciativa, se infiltrará en el campo enemigo y atará al rey blanco en la defensa, aniquilando todo el contrajuego disponible. 1…Txc1! 2.Rxc1 Rf6! 3.Rd2 Rg5 4.Re2 Rh4 5.Rf1 Rh3 6.Rg1.

6…e4 (6…b5!, pues elimina la posibilidad crítica más favorable al blanco) 7.Rh1. El avance del peón 7.e4, al debilitar f4, conduce a perder el peón en f3 y, eventualmente, al peón en e4: 7…b5 8.Rh1 h5! 9.Rg1 Rh4! 10.Rg2 Rg5 11.Rg3 h4+ 12.Rg2 Rf4 y el blanco está a un sólo movimiento del zugzwang. 7…b5! 8.Rg1 f5 9.Rh1 g5 10.Rg1 h5.

Las consecuencias de la atadura son evidentes. La desprotección de la 4.a fila permite la invasión de los peones negros. Con las debilidades que surgen, un peón blanco caerá. 11.Rh1 g4 12.e4. Dejar el peón en e3 perdía también: 12.fxg4 fxg4 13.Rg1 (13.e4) h4 14.Rh1 g3 15.hxg3 hxg3 16.Rg1 (16.fxg3) gxf2+ 17.Rxf2 e4 y se gana el peón e3. 12…fxe4 13.fxe4 h4 14.Rg1 g3 15.hxg3 hxg3 0-1, pues se gana material.

La invasión que gana material

La ganancia material es la culminación de todo esfuerzo por dominar e invadir al enemigo.

La ganancia material por captura es indicio de que el bando ganador dominó la casilla ocupada y las casillas de influencia de ese material, sin respuesta equivalente o contragolpe del enemigo. Este material adquirido reside usualmente en el terreno del bando afectado o dentro del territorio del bando que lo atrapó, cuando erróneamente se adentró en él o no se apoyó su prematura infiltración. Esto vale tanto para cualquier pieza como para el rey.

Fischer-Schweber (Buenos Aires, 1970)

Las negras pensaron que con el adelanto a e4 lograban penetrar en el terreno enemigo con algún beneficio. Pero con 1.Txe4! se demuestra que el peón y el caballo negros estaban realmente «al aire», ya que tras 1…Dxg3 (ante la amenaza Af4) 2.Txd4!, la dama negra no tiene casillas de escape. Siguió 2…Dg4 3.Txg4 Axg4 4.Axg6, con una leve ventaja material y mejor posición al haber eliminado varios factores dominantes negros (Cd4 y e5).

Otro ejemplo más directo:

Keres-Fischer (Bled/Zagreb/Belgrado, 1959)

Las negras ya dominan gran parte del tablero. El siguiente movimiento parecía lo más agresivo para el blanco, pero no tomó en cuenta de que ofrecía dos piezas al aire a un tiempo: 1.Ab5? Dd5! El ataque doble minimiza las opciones defensivas. 2.Axe8 Dxh1+ 3.Re2 Txe8+ 4.Rd3 Ae1 0-1.

El éxito de la promoción de un peón apunta a que el bando beneficiado dominó la línea de promoción hasta la 8.a fila en el terreno del oponente. Ante la perspectiva de una dama enemiga, el oponente no pocas veces tiene que ceder una pieza de menor valor para evitarlo.

Carlsen-Grischuk (Linares, 2009)

Con una poderosísima cadena de peones adelantados las blancas eliminan el único obstaculo (el peón en b7) para obtener el dominio total de al menos una de las columnas de promoción. 1.Aa6! Af6 2.Axb7 Txb7 3.c6 Txb6 4.Tc1 Axb2 5.d7 1-0.

La ganancia material, bien por captura o promoción, o el ataque al rey, representan el fin ulterior de toda la estrategia ajedrecística. La invasión que ganará material se manifiesta en las siguientes versiones:

  • Mayoría de peones o peones libres. Estas posiciones son típicas de los finales o del medio juego con pocas piezas. Obtener una mayoría móvil es un fin estratégico apoyado desde Philidor hasta nuestros días.
  • Ataque al rey. La invasión de la zona donde reside el rey enemigo es el propósito estratégico más obvio y directo. Aún así, no faltan ejemplos modernos en que se descuide esa zona permitiendo al enemigo la aglomeración de material allí.
  • Ganancia de otro material. Aunque no es un fin en sí, ocurre con frecuencia que el bando débil sacrifica material para evitar la coronación de un peón o un ataque irrechazable al rey. Pero, también puede ser un objetivo directo si el material que caerá está inmóvil en una casilla vulnerable.

Principios tácticos

Con todo lo dicho, podemos enumerar los principales postulados tácticos hacia el dominio e invasión posicional:

  • El error crítico es un debilitamiento de la posición. Un movimiento erróneo en ajedrez es siempre el debilitamiento de una o varias casillas, bien en el terreno del bando afectado o en las casillas ocupadas del territorio enemigo. El bando afectado no atendió una amenaza crítica o simplemente descuidó sus posiciones. El debilitamiento no es simplemente crear una formación débil, sino permitir su explotación. Aunque ambos factores suelen ir de la mano, en ocasiones la formación débil no es explotable, por lo que el error estribaría en permitir esa explotación.
  • La amenaza y el movimiento crítico explotan el error crítico. La lucha táctica ajedrecística hacia la ventaja es el conjunto de movimientos que intentan dominar o invadir —por amenazas y movimientos críticos— el terreno enemigo, mientras se recupera el terreno propio.
  • El dominio y la invasión del terreno enemigo y sus posiciones. La amenaza y el movimiento críticos que controlan el terreno enemigo o sus zonas de ocupación derivan a beneficios espaciales y restrictivos. Mientras, la invasión conllevará la infiltración espacial, la ganancia material y el mate. El ajedrez es una lucha territorial: aquel que controla y domina el tablero en mayor grado, gana, pues dará mate al enemigo o ganará suficiente material para lograrlo eventualmente.

Estos principios se manifiestan en cada momento crítico de la partida. Podríamos en establecer como principio general que la lucha táctica en ajedrez es el empeño por controlar y dominar una o varias casillas del terreno enemigo —o de sus posiciones— hasta lograr su ocupación, ganando con ello material o simplemente penetrando en sus filas.

Veamos algunos ejemplos adicionales:

Botvinnik-Tal (Moscú, 1960)

Esta es una de esas posiciones de doble filo en la que sólo un movimiento gana, mientras que cualquier otro empata o, peor aún, pierde. Ambos bando se han alternado la ventaja durante la partida y ahora la posee el negro. Es visible que el ataque sobre c4, e indirectamente sobre c3, sería poderosísimo y ganador, pero las negras eligen a la torre equivocada. 1…Tbc8? Este error deja al peón en b7 mortalmente débil y le permite al blanco igualar, gracias al peón libre que se obtiene en b6. Lo pertinente era atacar con la otra torre 1…Tec8! Las blancas explotan el error de inmediato: 2.Ca5! Axe2 3.Txe2 Cxc3 4.Txc3! Txc3 5.Cxb7.

Las blancas sólo tienen un caballo y peón por la torre, pero ambos están infiltrados en tierra ajena, atacando d6 y amenazando coronar. Siguió: 5…Texe3? Con este segundo error, que distrae a la torre negra de la 8.a fila, se pierde la partida. Las negras tuvieron más de una opción para mantener el equilibrio como5…Tb8 o 5…Td3. Todo concluyó con 6.Txe3 Txe3 7.Cxd6 Td3 8.Cf7+! (única para ganar) y las negras se rindieron porque seguiría algo como 8…Rg7 9.b7 Tb3 10.Cd8 Rf6 11.d6 y eventualmente d7 y Cc6. El negro podría intentar acercar su rey, pero no podrá distraerse mucho estando el peón en -h4 también libre.

Carlsen-Grischuk (Shamkir, 2019)

Si bastara lo dicho, podríamos enfrentarnos a cualquier posición sin traumas de perder. Pero la identificación de las debilidades y, por ende, de los momentos críticos es dificilísima en muchas posiciones. Algunas debilidades permanecen «ocultas», pues no ha habido explotación inmediata, hasta un momento determinado en que surgen las circunstancias apropiadas. Por ejemplo, en la posición de arriba las blancas ya son superiores, pero el siguiente movimiento negro produce varias debilidades inmediatamente explotables, que al final de la ruta desembocan en el descubrimiento de otra debilidad no tan visible. 1…Cd5? El aparente ataque a e3 no prospera porque las negras tienen su torre en d6 al aire y el caballo se hace susceptible a una clavada y a su subsiguiente ataque con: 2.Td2! Td8 3.Ae4 Ted7 4.Ted1 Cf6. Con la falsa impresión de solventar la situación, pero ahora sigue: 5.Txd7 Cxd7 (o 5…Txd7 6.Txd7 Cxd7 7.Ab7, ganando).

6.Td6! El avance blanco sobre el enemigo es claro cuando dominan la casilla d5 —y toda la gran diagonal blanca— y ocupan con ventaja d6, apuntando a la oculta debilidad en a6, que sólo pudo explotarse gracias al debilitamiento inicial y su consecuente invasión.

La asociación concreta de la debilidad y el error crítico que permite la invasión define, además, el protocolo de razonamiento más detalladamente, pues son esas invasiones y sus amenazas los eventos que debemos temer y detener a toda costa. En la evaluación concreta de una posición debe incluirse la pregunta sobre qué casilla o conjunto de ellas ha debilitado un movimiento, propio o enemigo, pues podría tratarse de un error crítico susceptible de explotación.


[1] Nuevamente distinguimos entre territorio de un bando y su zona de ocupación e influencia, que incluye ese territorio, más el que se gana al enemigo. El terreno ocupado se convierte también en meta para el bando débil, pues es terreno que ha perdido. Por otra parte, ocurre en ocasiones que un bando ha desalojado una parte de su territorio totalmente, de modo que la invasión en ellas es poco menos que inútil, pues no hay enemigo allí. De ahí el énfasis en que la invasión posicional tiene valor en la zona que ocupa el enemigo, sea en su territorio o en el propio. Bajo el término posiciones de un bando o casillas de ocupación e influencia nos referimos a ese concepto.

[2] Controlamos cuando ejercemos alguna influencia en la zona; dominamos cuando privamos al oponente su total ocupación.

[3] Es importante notar en el anterior ejemplo, y el siguiente, la acumulación de piezas en el ala del rey, mientras las piezas negras se distraen o se concentran en el ala de dama.

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