El razonamiento en ajedrez y la invasión posicional 2

Comentaba en El razonamiento en ajedrez y la invasión posicional 1 la literatura ajedrecística y las visiones distintas de los protocolos del razonamiento ante el tablero para decidir el próximo movimiento en una posición. Incluí además un primer acercamiento a ese protocolo ante la doctrina de la invasión posicional. En esta entrada me propongo presentar en mayores detalles ese protocolo. Para ello vamos a necesitar recordar los fundamentos básicos del análisis posicional.

Teoría de la invasión posicional

La doctrina de la invasión posicional se puede resumir en varios principios como los que siguen:

  • El equilibrio y su ruptura. La posición inicial del ajedrez está equilibrada. Para optar por la victoria hay que romper ese equilibrio. Romper el equilibrio significa alterar los elementos (el material, el espacio y el tiempo) que componen las posiciones de partida. Pero, la ruptura del equilibrio no puede forzarse. Ocurre sólo cuando un bando comete un error que debilita alguna de sus posiciones o su terreno y permite al enemigo ganar esas posiciones e invadirle. Cuando un bando comete un error crítico, entra en crisis y permite al enemigo construir a su favor uno de los factores posicionales favorables o destruirle al enemigo alguno de los suyos.
  • Elementos posicionales. Todos los factores favorables, que indican la ruptura del equilibrio a favor de un bando, se pueden enumerar como sigue, según el elemento posicional que afectan:
    • El material. Pieza adicional o correlaciones materiales superiores.
    • El espacio. Piezas dominantes a nuestro favor: puestos avanzados, controlando líneas abiertas hacia el enemigo o infiltradas en su territorio.
    • El tiempo. Piezas restringidas del oponente: atadas a la defensa o encerradas en su propio territorio.
  • Elemento de la partida. Para construir esos factores posicionales tenemos que disponer y hacer uso de los movimientos (el elemento de la partida) creando y ejecutando amenazas críticas. Esto es amenazando con la construcción de esos factores a nuestro factor o destruyéndoselos al adversario.
  • La invasión posicional. Todo movimiento crítico implica la amenaza o ejecución de una invasión de las posiciones enemigas (en nuestro territorio, pero sobre todo en su propio territorio). El movimiento crítico ideal será la ocupación, o amenaza de ocupación, del territorio enemigo con fuerza coactiva (preferiblemente amenazando doblemente).

El modelo descrito se deriva deductivamente de los elementos mismos del ajedrez y tienen confirmación en las partidas magistrales o de las mismas máquinas más avanzadas de ajedrez.

La profilaxis

Bajo este modelo, nuestro protocolo de razonamiento implica evitar a toda costa esas amenazas y movimientos críticos. Y he aquí, que el perfecto modelo de razonamiento ajedrecístico incorpora la profilaxis como paso inicial e ineludible de todo protocolo exitoso.

Sólo reconociendo qué movimiento es un error crítico, es posible evitarlo y con ello prevenir la derrota. Si no cometemos errores tenemos garantizadas al menos las tablas. Por ello para cualquier protocolo de razonamiento es imprescindible tener una conciencia muy clara de los valores que se juegan en la partida. De lo contrario, no tendremos ningún fundamento evaluativo de los resultados de una decisión o de los movimientos del enemigo.

Protocolo de razonamiento

Con lo ya dicho podemos enumerar el algoritmo hacia el movimiento más correcto en cualquier posición:

  • Avalúo de las amenazas críticas del oponente

El paso evidente es enumerar y sopesar las amenazas críticas del oponente. Estas amenazas pueden generalizarse en: amenazas de invasión y amenazas de recuperar su territorio. En el primer caso, me refiero a los casos en que el contrario puede invadir una casilla en nuestro propio territorio. En el segundo caso, nos referimos al intento enemigo de recuperar una casilla de su territorio ganada por nuestro bando. Este cálculo es usualmente sencillo y dará como resultado unos pocos movimientos.

Una técnica adoptada en el Tratado era evaluar la fuerza crítica de esas amenazas «pasando el turno» al oponente y calcular las consecuencias de su amenaza directamente. Esto equivaldría a responder a la pregunta ¿qué consecuencias tiene este movimiento, si no actúo en contra de él? Al así hacerlo podremos descartar de inmediato cualquier amenaza para la cual tenemos respuestas ciertas o que no son tales, sino puras apariencias.

Una vez identificadas esas amenazas críticas, lo siguiente será considerar las respuestas a ellas.

  • Avalúo de las respuestas a esas amenazas que impiden, devalúan o compensan las amenazas enemigas

A cada amenaza debe considerarse una respuesta que la impida totalmente, que devalúe su valor crítico o que la compense con un contrajuego equivalente. Aunque evidentemente tanto el paso anterior, como este, pueden requerir algunos cálculos de variantes, de lo que se trata es fundamentalmente de considerar movimientos específicos que produzcan uno de esos tres resultados.

El impedimento directo no es difícil de medir, pues o tenemos un movimiento que imposibilite la amenaza o no lo tenemos. Esto per se, no requiere cálculos mayores.

La devaluación de una amenaza tampoco debe causar problemas mayores, aunque sus casos requieren profundizar mucho más. ¿Qué entendemos por devaluar una amenaza crítica? La devaluación implica en todos los casos en la eliminación de la cualidad crítica al movimiento amenazante. Esto no es posible en todos los casos. Por ejemplo, ante una amenaza de captura limpia, podemos defender o preparar la defensa de la casilla amenazada, o crear una opción de escape, de modo que eliminemos el riesgo de pérdida material. Igualmente ante una amenaza de restricción por atadura o encierro, podemos adelantarnos a liberar el material por otras vías. En cambio, las amenazas espaciales son difíciles de devaluar, pues permitir el movimiento mismo ya es ganancia, en algunos casos. Por ejemplo, la infiltración y la creación de un puesto avanzado son valiosos en sí mismos, por lo que la única vía de devaluación existente, aunque no para todos los casos, es aceptarlo escapando totalmente del territorio invadido. Esto, en pocos casos, podría medirse como devaluación, pues ya indica que hemos cedido una parcela de nuestro terreno, aunque esté vacía, y aunque no la compensemos con terreno enemigo, hemos perdido en el balance elemental.

Por esto la compensación es parte fundamental del contrajuego. Ante una amenaza del oponente, creamos otra igual o de más fuerza en otra parte del tablero. Es este juego el que ofrece mayores complicaciones y exige el cálculo exacto para determinar que realmente se está compensando la amenaza enemiga.

Ejemplos prácticos

Veamos casos concretos.

Megter-Paulsen

Este es un simple ejemplo del clásico manual de Em. Lasker. Las negras amenaza b6 o b5 con lo que ganan la casilla b7 para su rey haciendo imposible la victoria al blanco, pues si no captura, no se podrá coronar el peón en a6 (el alfil no domina a8 y son tablas teóricas); y, si capturasen en b6, el rey negro se refugiaría en b7 y a8 con igual resultado de tablas (el rey blanco no puede llegar a c7, sin ahogar al rey negro). Cualquier vía con meros movimientos del rey negro no parece atentar contra la victoria blanca. Pasémosle el turno al negro: 1…Rc8? 2.Rd6 Rd8 3.Ab8 Rc8 4.Ac7 b5 5.a6 y el blanco podrá con Rc6, coronar su peón y dar mate. Similar camino ofrece 1…Rd7 2.Ab8.

Pero, la opción 1…b6 o 1…b5 tampoco amenaza, pues la simple 2.a6 destruye toda posibilidad negra de tablas. Así, sin amenazas críticas negras el blanco puede procede evaluar sus propias posibilidades críticas para ganar la partida.

En vista de que el peón-a5 no puede avanzar más pareciera que lo mejor sería ir alejando al rey negro para ganar eventualmente el peón-b7 y la partida. Pero, he aquí que el camino directo no funciona. Por ejemplo, 1.Rc5?? sucedería b6+, con lo que las negras ganan la casilla b7 con tiempo, y así, las tablas. Por otro lado, alejar el alfil del control de b8 significaría las tablas de inmediato, pues el rey negro alcanzaría a8, con Rb8.

Es particularmente aleccionador que esta posición ganada ofrezca dificultades aún para conseguir una vía directa y evidente. La clave está en que la posición está en crisis total para el negro, pues como vimos, si tuviese el turno, la derrota sería inminente. Entonces la respuesta es clara: hay que pasarle el turno al negro.

Esta receta de pasar el turno es un mecanismo muy típico de finales de partida y una herramienta importante cuando el adversario carece de movilidad efectiva absolutamente. En este caso la solución pasa por una peculiarísima jugada de espera: 1.Rd4! Rc6 2.Ab6 (posible ahora que el rey negro no puede alcanzar b8) Rd6 3.Rc4 Rc6 4.Rb4 Rd7 5.Rc5 Rc8 6.Aa7, recuperando el control de b8, cuando ya tampoco sirven b6+ por 7.Rxb6 ni b5 por 7.a6. Tras 6…Rc7 7.Rb5 el rey blanco ganará el peón b7 y la partida.

El anterior ejemplo es muy peculiar y no corresponde a la mayoría de los casos, pero ilustra claramente los problemas que pueden surgir aun durante el razonamiento en partidas ya ganadas. Veamos otras posiciones más típicas:

Portisch-Kavalek (Montreal, 1979)

En esta posición, con dos peones de ventaja, igualmente parece que la única posibilidad negra es buscar las tablas también, aprovechando el mismo caso del alfil que no controla la casilla a8. Si el negro lograse ganar el peón b3, incluso podría sacrificar su caballo, mientras su rey se asegure la ocupación de a8. La amenaza directa 1…Cc5 parecería obvia entonces. No así resulta el intento de reubicar el caballo con 1…Ce5 por 2.Ac7+ con fácil victoria. Pero también1…Cc5 tropieza con 2.Ab4 con fácil victoria.

Sólo cuando profundizamos en la posición percibimos otra posibilidad 1…Cb8, con la amenaza del ataque doble en c6. Ante ella parecería que alejar el alfil o desplazar al rey bastan para mantener la ventaja y avanzar cautelosamente los peones. Por esto, resulta inconcebible considerar 1.b4?? como ocurrió en la partida, pues le entrega al negro una amenaza triple: 1.b4?? Cb8! 2.Rc4 Cc6 3.Rb5 Cxb4 4.Rb6 Cd6! y el blanco perderá como quiera el otro peón o el rey negro alcanzará a8 (5.Ac3 Rd7, amenazando Rc8, 6.Rb7 Cc5+), por lo que se acordaron las tablas.

¿Era posible que ganaran las blancas? Si el negro no tenía realmente amenazas críticas, bastaba con 1.Rc4 o 1.Ad8 para seguir la ruta de la victoria. Con la primera, se amenazaba la infiltración por b5 y con la segunda se mantenía al alfil dentro de las filas enemigas, mientras se despeja el camino invasivo del peón a4.

Najdorf-Kotov (Saltsjöbaden, 1948)

Esta es una posición más simple. Como resulta evidente la única amenaza crítica negra es apostar un peón en la cuarta fila. El caso de 1…h5 2.gxh5 gxh5 3.h4 Rg6 4.Re6 y el blanco ganará con su peón libre. Menos clara parece ser 1…g5, pues tras 2.Rf5 h6 3.f4 gxf4 4.Rxf4 Rg6 sería un error 5.h4? pues el negro está bien colocado para impedir la promoción del peón en g4 y cualquier intento de h5-g5, dejaría al negro seguro en el rincón h8, y el peón en -h no podría coronarse.

El blanco tiene varias opciones para evitar g4. Cualquiera de los movimientos de sus peones lo hace. Pero, ¿son todos equivalentes? El intento de ir hacia h5 no deja mucho al blanco, pues el peón, aunque avanzado, no podrá pasar de allí. El avance de la partida fue 1…g5?, que tampoco tiene mucho de ventajoso y, al contrario, debilita la mayoría de peones blancos. En vista de que el rey blanco ya está en filas enemigas y no puede avanzar hacia los peones negro sin retroceder, lo procedente es explorar los avances de la cadena de peones. Aunque cualquiera de los peones podría alcanzar la 5.a fila, sólo 1.f4! tiene los mejores prospectos, pues asegura un peón pasado y, con cada avance, un incremento de la ventaja.

Prever la movilidad crítica es el factor clave para la determinación correcta del camino a seguir. Bastará un movimiento crítico no previsto para que todo el plan de victoria se vaya por los suelos. El siguiente ejemplo ilustra un caso más complicado:

Karoly-Gelfand (Amsterdam, 1988)

Las negras amenazan con la captura masiva en d5 (o en e4), ganando material y la partida: por ejemplo, 1…Cxd5 2.exd5 Txd5,… Las blancas sólo cuentan con 1.c6, devaluando el cambio en d5 por 2.Txd5+ Txd5 3.exd4 Rd6 4.Re4 con tablas. Sin embargo, esta no era la única defensa blanca, pues tras el movimiento de peón se esconde otra amenaza más sutil y poderosa. Las negras prosiguieron con 1…a4?, esperando que, tras la variante previa, continuar con 4…a3 y 5…b3, y coronar un peón antes de que el rey blanco se acerque. Por esto fue una sorpresa encontrarse con 2.Ae6!!, atacando la torre y amenazando la promoción inevitable del peón. El negro se tuvo que conformar con las tablas tras 2…Txd2 3.c7 Td3+ 4.Rg2 Td2+ 5.Rf3 Tf2+ 6.Rxf2 Cxe4 7.Re3 Cd6 8.Axf7.

Filip-Darga (Bled, 1961)

Las blancas tienen la ventaja, pero han de ir con cuidado, pues la mera presencia de las damas implica algunos riesgos de ataques o pérdidas materiales inesperadas. Por ahora, lo mejor que pueden hacer las negras es atar la dama blanca a la defensa mediante 1…Df3, pues no vale el jaque y captura de alfil. Las blancas pueden detener fácilmente esta opción mediante la atadura de la dama negra de inmediato: 1.Tc1 y amenazar a su vez con Dd8+. En lugar de esto, siguen otra ruta, que no reduce la ventaja, pero la complica, al obviar totalmente las amenazas negras. Siguió 1.Dd8+ Rf7 2.h4? Df3! 3.Tc1, ya tarde. 3…Ab7 4.Tc7+ Rg6 5.Dg8+ Rf5 6.Dxh7?? Rg4 y se dará mate al rey blanco.

A partir del énfasis en la profilaxis como herramienta esencial del razonamiento, ejemplos como los de arriba son escasos en los jugadores de élite, mientras las condiciones de juego sean normales. En partidas rápidas o en momentos de falta de tiempo en el reloj, tales errores abundan como puede bien suponerse.

Karjakin-Gelfand (Moscú, 2010)

Las negras pierden esta partida por su falta de previsión de las amenazas blancas, fenómeno común cuando falta tiempo en el reloj. Además de la amenaza de captura al alfil, las blancas amenazan 1.a6. Si su alfil no estuviese atacado, las negras podrían defenderse: 1.a6 bxa6 2.bxa6 Rc6 3.a7 Rb7 y basta que su alfil se sacrifique por el peón de la columna-c, para lograr las tablas. La otra amenaza blanca, 1.c4+, tampoco funciona por 1…Rxc4 2.a6 bxa6 3.bxa6 y Ab8. Por todo esto, le basta a las negras alejar su alfil de la amenaza de captura mediante 1…Ad6 o 1…Ad4, pero en cambio colocaron el alfil en la peor casilla: 1…Ab8?? Habiendo visto las variantes anteriores esto resulta totalmente absurdo, pues denota falta de previsión. Siguió naturalmente 2.a6! bxa6 3.bxa6 Rc4 4.Rf3 Rc3 5.Re4 h5. Es con este movimiento con el que especulan las negras para las tablas, pero el peón llega muy tarde. 6.Ad4+ Rxc2 7.Af6 Rd2 8.Rd5 Re2 9.Rc6 Aa7 10.Ad8 Rf1 11.Ab6 1-0.

Además de prevenir o devaluar una opción crítica, es posible plantear un contrajuego suficientemente fuerte como para anular del todo el valor crítico de las opciones enemigas.

Taimanov-Botvinnik (Moscú, 1967)

Las blancas amenazan doblemente con capturar la torre o el peón a6 de las negras. Ante la imposibilidad de impedir o devaluar ambas amenazas, la única opción evidente es responder a ambas amenazas es el contraataque, 1…Tg4!,el negro debió sopesar si esto bastaba para la defensa, pues tras la captura, el peón negro en g4 quedará vulnerable. 2.Txg4?! Más resistencia ofrece 2.Txa6 Txh4 que al menos mantiene el balance actual. Con el intercambio se le otorga un peón adelantado y libre al negro que el blanco no podrá ganar limpiamente. 2…hxg4 3.Rg2. El blanco amenaza ahora 4.Rg3, ganando el peón. El avance con el rey no parece resultar, pues 3…Rf6 4.Rg3 Rf5 5.e4+! Rxe4 6.Rxg4 y el negro no podrá impedir 7.Rg5 y 8.Rxg6 igualando.[1] El negro dispone de sólo 3…g5!! Mediante otra amenaza material se puede mantener la ventaja. Las negras liquidan los peones del ala de rey para obtener una mejor posición con su monarca. 4.h5. Tampoco salva 4.Rg3 Rg6 5.Rxg4 gxh4 6.Rxh4 Rf5 7.Rg3 Re4 8.Rf2 Rd3 y el negro gana. 4…Rg7 5.Rg3 Rh7 6.Rxg4 Rh6 y las blancas están en zugzwang por lo que pierden el peón y la partida.

Todos los ejemplos anteriores, apuntan a la importancia de la primera parte del protocolo de razonamiento, que es la previsión de las amenazas críticas enemigas. Esto, en sí, presupone un criterio claro de lo que es crítico. De lo contrario, andaríamos a la ciega, evaluado por pura intuición qué riesgos implica un movimiento enemigo y qué movimientos propios valen para anularlo, devaluarlo o hacerle contrapeso. La propuesta por la teoría de la invasión posicional otorga esa base estratégica que determina la táctica y el razonamiento, pues no sólo se define lo valioso, con carácter empírico, sino que simplifica el esfuerzo de la búsqueda al mejor movimiento.

Sea cual sea nuestra postura respecto a la teoría posicional, es imprescindible contar con una base teórica construida a conciencia que sirva de motor práctico en el ejercicio continuo de obtener el mejor movimiento posible ante la presente posición.


[1] Aunque no sin alguna lucha, pues con 6…e5 7.Rg5 Rd4 8.Rxg6 e4 9.h5 e3 10.h6 e3 11.h7 e8D 12.h8D Dd5+, las negras logran el intercambio de damas y capturan el peón a2 negro. Aún así las blancas llegan a tiempo para encerrar al rey negro en la columna-a impidiendo la promoción.

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